cuando, hace ya dos décadas, acertaron a interpretar el modo en
que debía elaborarse el discurso estético de su procesión; es decir,
la elección de aquellas señas de identidad que definen la puesta en
escena tradicional de la Semana Santa murciana.
Antecedentes históricos: La Antigua Cofradía de Nuestra Señora del
Rosario de Santa Catalina
La devoción a Nuestra Señora del
Rosario es una de las más arraigadas
veneraciones del ámbito local.
Fueron abundantes sus cofradías y
hermandades
durante
siglos
vinculándose, ocasionalmente, con
algunas manifestaciones de la
Semana Santa. Así, la efigie
referencial de todas ellas, la
conservada en el templo de Santo
Domingo, tenía un vestuario
específico para estos días llegando,
incluso, a tomar parte en las
procesiones. La ligazón de esta
advocación con el culto a la Pasión
de Cristo es obvia al contemplar el
rezo del Rosario varias de sus
secuencias.
La iglesia de Santa Catalina contó durante el siglo XVIII con
una de estas cofradías dedicada a Nuestra Señora del Rosario. Los
primeros datos al respecto los menciona Sánchez Moreno en
alusión al lienzo con la efigie de su Titular pintado por Francisco
Salzillo en 1740. Ello revela que su fundación debió acontecer con
anterioridad. José María Ibáñez ofreció la reseña de varios
documentos posteriores, de 1785, así como la noticia de su
extinción debido a las restricciones ilustradas en las décadas
finales de la centuria:
“…En el siglo XVIII, de nuestra Señora del
Rosario; en cuyo honor se erigió cofradía y retablo dorado de
gusto churrigueresco, de traza repetida dos ó tres veces en los
templos murcianos. En el camarín, la imagen de vestir, titular de
la capilla, y en uno de los muros, anotó Fuentes un crucifijo que
sería el que presidiera los rosarios vespertinos que recorrían los
sábados, las varias calles de la feligresía, desde 1785 hasta su
extinción á fines del siglo XVIII
…”.