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pecados, y amarse unos a otros como Él nos ha amado… La piedad popular es una senda que lleva a lo
esencial si se vive en la Iglesia, en comunión profunda con vuestros Pastores. Queridos hermanos y
hermanas, la Iglesia os quiere. Sed una presencia activa en la comunidad, como células vivas de la Iglesia.
Amad a la Iglesia. Dejaos guiar por ella. En las parroquias, en las diócesis, sed un verdadero pulmón de fe y
de vida cristiana, de aire fresco”.
3.
Ser misioneros del amor y de la ternura de Dios.
“Tenéis una misión específica e importante, que es mantener viva la relación entre la fe y las culturas de los
pueblos a los que pertenecéis, y lo hacéis a través de la piedad popular. Cuando, por ejemplo, lleváis en
procesión el crucifijo con tanta veneración y tanto amor al Señor, no hacéis únicamente un gesto externo;
indicáis la centralidad del Misterio Pascual del Señor, de su Pasión, Muerte y Resurrección, que nos ha
redimido; e indicáis, primero a vosotros mismos y también a la comunidad, que es necesario seguir a Cristo
en el camino concreto de la vida para que nos transforme. Del mismo modo, cuando manifestáis la
profunda devoción a la Virgen María, señaláis al más alto logro de la existencia cristiana, a Aquella que por
su fe y su obediencia a la voluntad de Dios, así como por la meditación de las palabras y las obras de Jesús,
es la perfecta discípula del Señor (cf. Lumen gentium, 53)…
Sed auténticos evangelizadores. Que vuestras iniciativas sean «puentes», senderos para llevar a Cristo, para
caminar con Él. Y, con este espíritu, estad siempre atentos a la caridad. Cada cristiano y cada comunidad es
misionera en la medida en que lleva y vive el Evangelio, y da testimonio del amor de Dios por todos,