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SUSURRE DESDE ATRAS
Fulgencio Garijo Castellanos
Nazareno Estante del Santísimo Cristo de la Caridad
Durante el ansiado tiempo que exalta los cinco sentidos, y bajo la indisoluble incertidumbre meteorológica,
entre aires
florales y emotivos ecos fúnebres que se suavizan con dulces sabores, se enderezan apreciables “hermanos
de fe” que, ansiando el permanente contacto con la madera y derrochando murcianía en su andar sereno, alzan con
respeto sobre sus hombros la imagen del sosiego, el cariño y el perdón, que brinda cada Sábado Santo el más
sublime modelo de abnegación, nuestro Santísimo Cristo de la Caridad.
Desde la perspectiva de un joven nazareno, que aún saborea las preciadas enseñanzas que le confieren los
más veteranos, y en un intento de expresar con palabras aquello que continúa fermentando en el interior, quisiera
compartir con los lectores de esta revista, el testimonio de lo que supone pertenecer a este “Paso”.
Ser “Estante del Cristo”, como cariñosamente lo llaman quienes lo velan, fue un regalo de una persona muy
querida, que durante años llamó a todas las puertas para que yo pudiera cumplir uno de mis sueños: ser partícipe
activo en la Semana Santa murciana. Sin embargo, este deseo pronto se vio inesperadamente acrecentado, al
descubrir a un fascinante grupo de personas que enaltecen la amistad; compañeros que se recrean disfrutando de
incontables buenos momentos, aunque también se hallan y se guardan en otros tristes; que asumen con orgullo la
responsabilidad de trabajar siempre juntos, pues se saben iguales desde el día de su incorporación al equipo, cuando
comprendieron que cada uno era una pieza fundamental en el lugar preciso para elevar el “Trono”. Pero, lo más
importante, es que todos ellos comparten el amor por Cristo, e intentan encontrar momentos en sus vidas para llevar
a cabo acciones de caridad, y así aliviar el sufrimiento de los que más lo necesitan.