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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
rarse al corazón de Dios; vosotros mismos sois presencia viva del Señor cuando tenéis en cuenta las
obras de misericordia en vuestra vida: dando de comer la hambriento, de beber al sediento, cuando
vestís al desnudo o cuando enseñáis al que
no sabe… Las cofradías tenéis vuestra razón
de ser cuando hacéis presencia de Dios en las
ciudades, pueblos y barrios, por sus calles
y plazas; cuando hacéis visible al Invisible,
desde la propia procesión, hasta los signos
de caridad.
Mi deseo es saludaros en estos días
tan especiales de Cuaresma y Semana Santa,
pero también pretendo despertar el rescoldo
de la fe que está en lo hondo de vuestro ser y
para que actualicéis la confianza en Dios, que
esto es algo real y posible, no por nuestros
méritos, sino por la gracia de Dios, que es paciente. Así lo expresa el Papa:
“
Dios es paciente con nosotros
porque nos ama, y quien ama comprende, espera, da confianza, no abandona, no corta los puentes, sabe perdonar.
Recordémoslo en nuestra vida de cristianos: Dios nos espera siempre, aun cuando nos hayamos alejado. Él no
está nunca lejos, y si volvemos a Él, está preparado para abrazarnos”
. Podemos tener el privilegio de ser los
protagonistas de la parábola del nuevo hijo pródigo, con la seguridad de saber que el corazón de Dios
no ha cambiado.
Le pido a Nuestro Señor Jesús crucificado que os de fortaleza y os cuide en medio de todos los
acontecimientos de la vida; que os proteja en la vida personal y en la familiar, en el trabajo y en el ocio,
en la salud y en la enfermedad, en la vida y en la muerte, en este mundo y en la esperanza de la vida
eterna. Especialmente le pido a Nuestro Señor que no tengáis miedo nunca, porque si os mantenéis
cerca de Él os renovará en la alegría.
Termino con un ruego: que sepáis tener la valentía de confiaros a la misericordia de Jesús, de
confiaros en su paciencia, de refugiaros siempre en las heridas de su cuerpo; que sepáis dar las ra-
zones de vuestra alegría, las que os han venido como consecuencia de la experiencia del encuentro
con Cristo; que os dejéis aferrar por la propuesta de Dios, que siempre es una caricia de amor. Para
Dios no somos números, somos importantes, es más, somos lo más importante que tiene; aun siendo
pecadores, somos lo que más le importa, nos decía el Papa Francisco. Explicadles a los vuestros, a
los de cerca y a los de lejos, especialmente a los desesperanzados, que todo puede rehacerse desde el
amor de Dios si actúas con sinceridad. Los planes, los proyectos, las aspiraciones sublimes, no valen
de nada, si no arde en nuestros corazones el fuego del amor de Dios, si no vivimos del todo poseídos
por su amor.
Queridos cofrades, ¡mucho ánimo! Trabajad con ilusión para hacer una Cofradía que sea mo-
délica, una familia, un tesoro. Que Dios os bendiga en este año y os conceda la gracia de ser tan mi-
sericordiosos, como Nuestro Señor.