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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
distinguir de un primer vistazo si estamos ante una imagen de la Virgen
María o de cualquier otra mujer bíblica.
Esas opiniones en contra de esta tradición tan católica también
aducen que el vestir a las imágenes con ricos tejidos y colocarles joyas
es un signo de ostentación. De nuevo un tremendo error, que además
incurre en una seria e injusta banalización de uno de los componentes
de la religiosidad popular (que es base y cimiento de la fe transmitida).
Nunca podrá ser signo de ostentación, y quien así lo considere deberá
buscar bases de formación para abrir la mente. No puede ser signo de
ostentación algo que es signo de devoción. Los fieles volcamos en las
imágenes sagradas, en lo que ellas representan, todos nuestros anhelos,
peticiones, acciones de gracias, etc., y desde hace siglos venimos mate-
rializando esos sentimientos en la ofrenda (siempre desprendiéndonos
de algo querido o de una importante cantidad monetaria) de lo que mejor puede salir de las manos
del hombre materialmente hablando: el
arte
5
. Cuando estamos ante una imagen
engalanada para una fiesta solemne, vé-
rtigo nos debería producir el exclamar
que eso es ostentación, cuando no sabe-
mos las historias de amor y de devoción
que hay detrás de un collar, unas arraca-
das, un manto o una corona.
Por último, también hay quien
alega que “ese dinero sería mejor em-
plearlo en los pobres”. Pues bien, aparte
de que las obras de caridad no se van
proclamando y no podemos saber si
alguien que ha ofrendado algo a una
imagen también ha hecho su obra de caridad por otro lado, aduciendo esto incurren en la peligrosa
ignorancia de colaborar en la aparición de nuevos pobres. Son muchísimas las familias y personas
que viven de oficios apegados al arte y al
patrimonio sagrado: escultores, pintores,
bordadores, orfebres, joyeros, doradores,
tejedores, posticeros, restauradores, etc.,
etc., etc. Y no hace falta rebuscar mucho
para encontrar casos de cierres de talleres
por culpa de la desaparición de estos en-
cargos. Es más, el patrimonio que rodea a
nuestras imágenes de vestir ha sido, desde
hace siglos (y esperemos que lo siga siendo),
fuente creadora de una cantidad ingente de
obras de arte
6
.
Para finalizar, quería mostrar que,