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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
provocan una mezcla de pasión y sentimiento que jamás había
experimentado. Deja lo que le queda de cerveza en la botella y
se acerca, como por arte de hipnosis por la calle Pascual hasta
esa plaza ya sin hueco donde poder ocupar….y se pregunta
para sus adentros sin querer exteriorizar su asombro, porque
él no cree en eso:… ¿de dónde sale ese sonido tan maravil-
loso con tanto sentimiento que me está quitando el ‘sentío’
y ese olor tan intenso y mágico que no puedo evitar?.... De-
jándose llevar, mira hacia el compás de ese primer paso de la
Oración, que ya se deja ver por el dintel de la puerta de Santa
Catalina y se admira y admite incrédulo : ¡Cuánto arte, cuánto
sentimiento hay concentrado en esas tallas, en esas imágenes.
¿Qué manos e imaginación han sido las que han plasmado esa
maravilla, esa magia de imágenes?
“Porque aquí arte, esmero, ilusión y pasión no nos fal-
ta,….le susurra una persona que se hallaba junto a él y que le
mira con cara de asombro porque nuestro gordinflón estaba
llegando a un éxtasis expresivo:… No te pierdas el siguiente
paso de la Flagelación, esa imagen extenuada de Jesús, salida
de las manos de un Hernández Navarro en su plenitud, o esa
majestuosidad de la figura de Cristo en la Coronación de Espinas o del esbirro coronando. Continúa,
sigue aquí a mi lado, le dice la misma persona, ahora verás a Nuestro Padre Jesús Camino del Cal-
vario, o la Santa Mujer Verónica, otro Hernández Navarro, y además que ha sabido darle melancolía
y emoción al rostro de esta mujer y, en general, con una precisión y calidad artística impecables. Fíjate
amigo en ese San Juan Evangelista, de un Ramón Cuenca muy acertado con ese gesto del rostro que le
ha sabido dar dolor, pero mirada anhelante. Y a continuación un Salzillo, también en ésta de la Cari-
dad. La Dolorosa, que es la primera creación iconográfica mariana de talla completa, sobre esta repre-
sentación realizada por el escultor Francisco Salzillo en 1742. Qué belleza en la cara de María, sin pa-
rangón, inigualable, otra obra maestra de nuestro famosísimo Salzillo. Y ya por fin verás, apreciarás
al Cristo titular, obra del murciano afincado en Barcelona, Roses Rivadavia, de tamaño natural y una
tendencia artística más contemporánea, pero muy bella y admirada. El amigo gordinflón no salía de
su asombro real al comprobar tanta maravilla de arte desfilando por las calles barrocas murcianas.
Ya el domingo de Ramos, montado en el tren que le llevaría hasta la capital española, y justo
cuando el silbido del ferrocarril anunciaba la salida inmediata a su destino, gordinflón no podía qui-
tarse de la mente los rostros de la gente, anonadados, atónitos y emocionados por ver esas esculturas,
que sin duda, son una explosión de cultura en la calle.
El incrédulo gordinflón tampoco podía evitar revivir aquellos momentos, donde el aroma a
incienso, se adueñaba de las calles. Es como si los redobles de los tambores se hubieran metido en sus
tímpanos, dejando al descubierto una multitud de sensaciones a flor de piel.
El rojo corinto era una manta de emoción, que recorría la plaza más bonita de Murcia. Inmerso
en sus pensamientos, se dio cuenta de que ya había alcanzado la mitad de su recorrido. Fue entonces
cuando escuchaba a una pareja joven conversar, entre señas de desprecio, lo absurdo que era la Se-
mana Santa.