Página 18 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
Con todo ello, con todos los inconvenientes que en principio pudimos solventar, el 4 de diciem-
bre nos poníamos en marcha hacia Madrid para tomar el vuelo a Tel-aviv y comenzar nuestro periplo
por la Tierra Santa de Israel que recoge el Nuevo Testamento y también por muchos de los lugares
recabados, reseñados y recogidos en el Antiguo Testamento y que ocupan parte de la actual Jordania.
Con nuestra ilusión, nuestro recuerdo
a tantos hermanos que habían quedado en
España y que hubieran deseado acompañar-
nos, y también en la mente nuestros seres
queridos, familias, amigos, enfermos, inicia-
mos los pasos de Cristo en su tierra de origen,
en Galilea, recordamos en Monte Carmelo la
batalla del profeta El
í
as con los profetas de
Baal y visitamos Stella Maris, los montes de
las Bienaventuranzas, del Precipicio, y Tabor,
lugar de la Transfiguración del Señor, nos
emocionamos en Nazaret por tantos motivos,
renovamos los votos del bautismo en el Rio
Jordán, los votos del matrimonio en la ciudad de Caná, revivimos el milagro de los panes y los peces
en Taghba, nos embarcamos en el Mar de Galilea donde pudimos detenernos en el lugar donde Jesús
caminó sobre las aguas, visitamos Magdala y Cafarnaum, donde un muy joven Jes
ú
s predicaba en la
sinagoga y donde vivía Pedro, nuestro primer Santo Padre de la histo-
ria y junto al Lago Tiberiades, donde el Primado de Pedro, celebramos
la sagrada eucaristía en un lugar privilegiado y único.
Desde allí, cruzamos la frontera camino de Jordania, visitamos
Jerash una de las ciudades de la antigua Dec
á
polis Romana y que está
en un estado de conservación mejorable pero muy bueno y fácilmente
uno se hace a la idea de la magnificencia de lo que está contemplando.
Si desde luego el fin fundamental de visitar Jordania era Petra, la ciu-
dad romana de Jerash fue toda una sorpresa y una de las ciudades
mundo romano antiguo, m
á
s importantes y mejor conservada que
se pueda visitar. De allí a Monte Nebo, lugar donde murió Moisés
tras contemplar al fondo las tierras de Canaan y más all
á
la Tierra
Prometida, pero tras cuarenta años de diáspora no pudo ver su meta
alcanzada, pero si vio aunque en la distancia que su pueblo de Israel
había llegado a la Tierra de la Promesa. Como Mois
é
s contemplamos
en una brumosa tarde la línea del horizonte en la que no existen ni
batallas ni fronteras, ni tampoco religiones, solo el paisaje que marca
el desierto de Judea, el Jordán y más allá la ciudad santa de Jerusalén.
De allí encaminamos nuestros pasos de peregrinos a la capital de los nabateos, Petra, llegamos
en una muy fría noche, pero a la mañana siguiente desde nuestro emplazamiento pudimos contem-
plar al fondo la tumba de Aar
ó
n, hermano de Mois
é
s y pronto comenzamos la visita a Petra, la ciu-
dad oculta. No es posible hacer justicia con las palabras lo que allí contemplamos, es mejor omitir
comentarios, porque siempre seria escaso y pobre el comentario, solo decir que hay que ir, es un lugar
perdido pero para quien disfruta viajando es un lugar “imperdible”. Tras la ruta del Antiguo Testa-