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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
ricordia. De ahí que muchos la rechazan
en las relaciones interpersonales y socia-
les, y quieren establecer dichas relacio-
nes simplemente en torno a la justicia.
Pero eso significa no comprender que la
auténtica misericordia es la fuente más
profunda de la misma justicia.
La igualdad que establece la jus-
ticia se limita al ámbito de los bienes
objetivos y extrínsecos (te doy lo que te
debo), mientras que el amor y la mise-
ricordia logran que los hombres nos en-
contremos en el valor superior que es el
mismo hombre, con la dignidad que le
es propia (te doy que te debo y me doy a
mí mismo a ti).
Es imposible lograr unas relacio-
nes verdaderamente humanas única-
mente con la medida de la justicia. Esta,
en todas las esferas de las relaciones hu-
manas, debe experimentar, por decirlo
así, una notable “corrección” por parte
del amor, que es “paciente, benigno, mi-
sericordioso y fiel”, sabiendo que somos
deudores los unos de los otros y hemos
de “soportarnos mutuamente con amor”
(Ef 4,2)
La Virgen María, Madre de mise-
ricordia.
María experimentó de manera
singular la misericordia, y también de
manera excepcional, participó, con el
sacrificio de su corazón, estrechamente
unido a la cruz de su hijo, en la revelación de la misericordia divina.
Ella conoce muy bien la profundidad de la misericordia de Dios, sabe su precio y sabe cuán
alto es. Por ello, con toda razón la llamamos Madre de la misericordia. Participa ndo en la misión
de su Hijo, acerca a los hombres al amor revelado en Cristo, amor que encuentra su expresión más
real y concreta en aquellos que sufren, en los pobres, los prisioneros, los ciegos, los oprimidos y los
pecadores. En el amor “misericordioso” del Hijo participa de manera singular el Corazón de la Madre
del Crucificado y Resucitado, el Corazón de María.
Acudamos a ella, especialmente con el rezo del rosario, y comprobaremos cómo ella nunca nos
deja solos, al contrario, nos abraza, nos cuida y nos protege.