Página 23 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
a todos los caminos, con los brazos abiertos y un plato más a su mesa.
Desde la fe y la esperanza cristiana, el apóstol Pablo dirá: “¿Quién nos separará del amor de
Dios?” (Rom 8,31-39) Nada ni nadie. Creer en ese amor significa creer en la misericordia de Dios. Ésta
es como el segundo nombre del amor, el modo específico de su revelación y actuación frente al mal
presente en el mundo.
A nosotros, que hemos experimentado esa misericor-
dia, nos toca ahora manifestarla en nuestra vida, sin olvidar
que “alcanzarán misericordia, los misericordiosos” (Mt 5) re-
cordando las palabras de Cristo: “cada vez que lo hicisteis a
uno de éstos mis hermanos... me lo hicisteis a mí”.
La misericordia de Dios es infinita e inagotable en aco-
ger a los hijos pródigos, perdidos lejos de la casa del Padre.
Nada puede limitarla por parte de Dios. El hombre sí puede
hacerlo, negando o dilatando el momento de su conversión.
Por su parte, la Iglesia cumple su misión cuando acerca
a los hombres a las fuentes de la misericordia: la eucaristía y
el sacramento de la reconciliación. También en la adoración
eucarística, nos invita a arrodillarnos o a sentarnos junto al
pozo del agua viva, con la que Jesús, como hizo con la mujer
samaritana, sacia nuestro corazón sediento de paz y de amor.
En este Año de la misericordia, somos invitados a
acercarnos más frecuentemente al sacramento de la confe-
sión, a la misa y a la adoración eucarística. Es lo mejor que
podemos hacer para vivir como buenos cofrades del Cristo
de la Caridad.
La misericordia y la justicia.
Es cierto que muchas veces se mantienen distancias en el ejercicio de la caridad y de la mise-