Página 40 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
Por contra, lo que me gustaría
compartir son algunos motivos por los
cuales os animo a que vosotros viváis
vuestras propias experiencias en Tierra
Santa.
Una persona que, en mi opinión,
ha sabido transmitir muy bien a través
de sus escritos la necesidad de crecer en
nuestra fe viajando a los Santos Lugares
fue Salvatore Martínez, responsable de
numerosas peregrinaciones realizadas
por católicos italianos y que, más o
menos, nos explica que acercarse a
Tierra Santa, para un cristiano, no ha de
ser una experiencia que con ligereza se
deba realizar o cancelar.
Dicen las Sagradas Escrituras que todos nacimos allí. Cuando decimos Tierra Santa no solo
nos estamos refiriendo a la tierra de Dios, sino sobre todo a
nuestra tierra, y cómo no, a nuestro destino. Es sin duda origen
de todas las tierras. Nuestra fe es católica y nos da la gracia,
donde quiera que estemos sentimos la fuerza de la comunión
en Jesús, pero es en Tierra Santa donde esa fe se hace más
viva que nunca, se experimenta y sobre todo se transmite y se
comparte. Por lo tanto, tocar y besar esa tierra, como nosotros
tuvimos oportunidad, significa redescubrir la fuerza y la
belleza de nuestra fe, pero también, el valor de nuestra esencia
católica. En definitiva, viajar a Tierra Santa, como bien decía
nuestro sacerdote, cambia la vida y la llena de significados
únicos.
Quien llega allí verá su propia fe renacer, porque allí es
el lugar donde todo comenzó, es en esa tierra, para fraseando al
Papa Francisco, donde seguro quieres imitar a aquel San Juan
que acompañó durante su calvario al Maestro y permaneció a los
pies del madero de ese Cristo de la Caridad. Del mismo modo,
se despierta en nosotros la necesidad de mantenernos junto a las
muchas cruces en las que Jesús está todavía crucificado. Éste es el
camino en el que el redentor nos llama a seguirlo. ¡No hay otro,
es éste!
Estando en Tierra Santa, puedes percibir el sufrimiento de
tantas personas que viven actualmente allí y que han de soportar
por gritar, con toda su alma que creen en el Nazareno. Que
soportan, en definitiva, por ser cristianos.
Para terminar, solo espero haber sabido trasladaros, lo
mismo que nos transmitieron aquellas personas que sufren
hoy en muchas regiones de los Santos Lugares a nosotros; el
entramado de sentimientos que se siente al pisar Getsemaní,
de rezar en el Santo Sepulcro o en la Iglesia de la Natividad, de pasear por Belén o navegar por