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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
VIVENCIAS DE UN PEREGRINO
Juan Carlos Tárraga Gallardo
Escribo estas líneas pasado un mes del regreso de Tierra
Santa. Un mes desde que uno de mis sueños, de mis anhelos e
ilusiones más ansiadas, se hizo por fin realidad. Un mes en el que
no he vuelto a ser el mismo ni nada ha vuelto a ser igual. Porque
haber estado allí cambia y te cambia. Y quien ha estado y lo ha
vivido, lo sabe.
Una semana inolvidable, con mis hermanos y ya amigos,
cofrades corintos. Gracias por haber llevado este proyecto a
su consecución, por haber hecho realidad el deseo de conocer
la tierra de Jesús y María. Gracias por echaros para adelante y
preparar con tanto cariño y cuidado esta peregrinación.
¡Son tantas las horas y momentos inolvidables vividos y
sentidos allí!…como en la Hora Santa alrededor de la fría piedra
en la que el Señor de la Oración del Huerto, sufrió el miedo y la duda antes de ser prendido, en
Getsemaní
O la visión de la reconstrucción
del Pretorio, palacio de Pilatos, donde la
Flagelación y la Coronación de Espinas
tuvieron lugar, en aquella cruel tortura
a quien era el Hijo de Dios.
Impactanteesamadrugada
de viernes de diciembre en la
ciudad vieja de Jerusalén, en
la Vía Dolorosa, por donde el
Señor Nazareno hizo el Camino
del Calvario, ese itinerario de
dolor y angustia, solamente
consolado
por
aquella
valiente, la Santa Mujer
Verónica, que se atrevió a
limpiarle el rostro, mientras
San Juan, el joven discípulo
amado, sostenía el desmayo de
la Madre ante tanta injuria al
fruto de su vientre.
Y en la plazuela de la
Basílica del Santo Sepulcro, tan
cerca del Gólgota, el leer y meditar
la duodécima estación: “Jesús
muere en la cruz”, tal vez haya sido un
momento de inflexión, de escalofrío,
como pocos. Pensar que a pocos metros
fue clavado en la cruz el Cristo de la
Caridad, en el mayor acto de amor y caridad nunca hecho en toda la historia de la humanidad, es
algo muy difícil de explicar, porque el sentimiento y la emoción afloran de una manera intensa e
incontrolable. Mientras rememoro y escribo estos recuerdos, se escapan algunas lágrimas de las pocas