Página 44 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
que quedaron cautivas en mis pupilas aquel día.
Monte de los ajusticiados, colina del Calvario. Allí María
Dolorosa sufrió el peor martirio, lo peor que puede pasarle a una
madre, lo que rompe todos los esquemas y el ciclo natural de las
personas; no hay nada más duro que una madre vea morir a un
hijo, es la transgresión brutal del orden de la vida, y el dolor más
desgarrado e inconsolable posible.
Vivencias de aquellos momentos en aquellos lugares, que
cada sábado de pasión, los benditos nazarenos de la Caridad recrean
en las calles y plazas de Murcia, formando una nueva Jerusalén, en
esta bendita tierra que tanto se parece a aquella y que también es
santa, porque hasta su patrona lo lleva en su nombre.
Después de la pasión y la agonía viene la esperanza, la
resurrección, la vida, la luz. Como la que sentí y sentimos en Nazaret,
en aquella humilde capilla, donde la humilde joven recibió la más bella
noticia del ángel Gabriel, allí empieza la historia más bella y sublime,
el primer misterio gozoso que preludia los dolorosos del Rosario de
Nuestra Señora.
Y Galilea, con su lago que es un mar sereno donde se respira la
paz y la verdad, y el Jordán del bautismo que cada día renovamos los que
nos sentimos creyentes. Paz espiritual y corporal en el Monte del Sermón
donde Cristo hizo grandes y bienaventurados a los pequeños y humildes.
Y las colinas de Ein Karem, adonde llegó la joven María a visitar a su
prima Isabel en la visita más santa y esperada. Especiales vivencias en
esa navidad adelantada en un día de aniversario en la ciudad de Belén,
la que tantas veces hemos recreado en nuestros particulares nacimientos
y belenes, donde aguilandos y villancicos crearon un trozo de nuestra
tierra en aquella, mientras la paz del Señor estuvo con todos nosotros,
impregnada de hermandad y emoción.
Monte Tabor, Betania, Jericó, Monte Carmelo etc… lugares que
tantas veces hemos oído en la eucaristía, en las catequesis, que hemos
leído en los libros sagrados, que nos contaron nuestras
abuelas y madres. No puedo explicar el privilegio que
es el poder haberlo visto con mis ojos y eso es algo que
se quedará para siempre encerrado en mi corazón y
mi pensamiento
Sensaciones, emociones, ilusiones, creencias,
devociones, tradiciones, recuerdos, oraciones,
silencios… Todas estas cosas y algunas más, se han
quedado impregnadas en el alma y el ser de este pobre
y humilde peregrino, en este punto y aparte de su
particular camino en este valle de lágrimas y también
de alegrías. La vida me ha regalado esta experiencia y por ello estoy agradecido, y por ello lo comparto
en este texto y por ello doy gracias al Cristo de la Caridad y a sus cofrades.