Página 49 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
LA ICONOGRAFÍA DE LA
CORONACIÓN DE ESPINAS DE
CRISTO EN LA HISTORIA DEL ARTE
Y EN LA PRODUCCIÓN DE
JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ NAVARRO
David Alpañez Serrano
Historiador de Arte
En La revista Rosario Corinto del año 2014 escribí un artículo que trataba sobre la iconografía
de la flagelación de Cristo en la Historia del Arte, en la imaginería española y en la producción de José
Antonio Hernández Navarro. Por tanto este artículo continúa el camino que comencé hace dos años,
abordando, en esta ocasión, el análisis de la iconografía de la coronación de espinas.
San Mateo 27: 27-31
Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la
cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la
pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla dici-
endo:
«¡
Salve, Rey de los judíos!»; y después de escupirle, cogieron la caña y le golpeaban en la cabeza. Cuando
se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.
San Marcos 15: 16-20
Los soldados le llevaron dentro del palacio, es decir, al pretorio y llaman a toda la cohorte. Le visten de púrpura
y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen. Y se pusieron a saludarle:
«¡
Salve, Rey de los judíos!» Y le gol-
peaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Cuando se hubieron
burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacan fuera para crucificarle.
San Juan 19: 2-3.
Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura;
y, acercándose a él, le decían: «Salve, Rey de los judíos.» Y le daban bofetadas.
La corona de espinas. Historia de la reliquia y posible tipología.
El descubrimiento de la corona de espinas se le atribuye a Santa Elena, madre del emperador
Constantino. Hacia el año 326 peregrinó a Jerusalén y, según parece, halló la Vera Cruz en la que fue
crucificado Jesús. Hay leyendas que también asignan a Santa Elena el descubrimiento, en este mismo
momento, de otras reliquias como los clavos o la corona de espinas.
Lo que sí es cierto es que el obispo Paulino de Nola, en su diario de viaje fechado en el año
409, escribe que en Jerusalén
“a las espinas con las cuales Nuestro Redentor fue coronado se rendía homenaje,
junto a la Santa Cruz y la columna de la flagelación”.
Y San Vicente de Lerins, todavía en la primera mi-
tad del siglo V decía que la corona de espinas de Cristo formaba parte del “
sagrado ajuar
” venerado