Página 50 - Rosario Corinto 03-2016

Versión de HTML Básico

50
Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
en Tierra Santa. Este santo refería un aspecto aún más interesante para este estudio, ya que describía
someramente la reliquia, al comentar que la corona de espinas del Señor
“tocaba y revestía por todas
partes su cabeza”.
En testimonios posteriores, como el de Gregorio de Tours, a finales del siglo VI, aún se tiene
constancia que la corona de espinas se encuentra en Jerusalén, pero al parecer, hacia el siglo X, fue
trasladada a Constantinopla.
En el siglo XIII, la historia de la reliquia dará un importante giro. El rey de Francia Luis IX (San
Luis), por intermediación de un comerciante veneciano, compró al último emperador latino de Con-
stantinopla, Balduino II, la corona de espinas. Al mismo tiempo se hizo con otras reliquias de Cristo
como el hierro de la lanza, la esponja o una parte de la cruz. Estas reliquias llegaron el 10 de agosto
de 1239 a París y el propio monarca entró con ellas descalzo a la ciudad. Para albergar tan preciadas
reliquias, mandó construir el más bello relicario que jamás se hubiera concebido, La
Sainte Chapelle
de
París, 1241-1248 (fig. 1). En este lugar se mantuvo la corona de espinas hasta la Revolución Francesa,
ubicándose la reliquia, por unos años, en la Biblioteca Nacional, no siendo hasta 1806 cuando volvió a
manos de la Iglesia. Desde esa fecha está depositada en la Catedral de
Notre Dame
de París. La reliquia
que hoy podemos ver, es un círculo de juncos de 21cm. de diámetro, que se muestra insertado en un
relicario de cristal de roca de 1896 (fig. 2). Pero no hay espinas, pues, con el paso de los siglos, tanto
los emperadores bizantinos como los reyes de Francia, repartieron las espinas por toda la cristiandad.
Lo cierto es que si sumamos las espinas procedentes de la reliquia de París y las de otras procedencias,
el número de reliquias en el mundo de supuestas espinas de Cristo es desorbitado, superándose las
700. En España contamos con algunas como en la Catedral de Barcelona, el santuario de Montserrat,
El monasterio de la Santa Espina en la provincia de Valladolid, El Escorial, o la custodiada en Sevilla
por la cofradía de El Valle.
Profundizando en la posible tipología de la corona de espinas, al parecer al aro de juncos se
fijaban las ramas espinosas, formando un casquete que cubría completamente la cabeza. Tal teoría
queda reforzada con los estudios que sobre la Sábana Santa y el pañolón de Oviedo se han llevado a
cabo en los últimos años. Las manchas de sangre en todo el cuero cabelludo demuestran que la corona
de espinas no tuvo forma de diadema, tal y como se ha representado tradicionalmente, sino forma
de
pileus
(fig. 3). Todo hace indicar que, como quedó dicho más arriba, era acertada la afirmación de
San Vicente de Lerins que señalaba que la corona de espinas tocaba completamente la cabeza. Así
mismo, en 1870 Rohault de Fleury llevó a cabo un exhaustivo estudio sobre las reliquias existentes de
la corona de espinas, llegando a una conclusión coincidente con la tipología de casco ya comentada.
Los estudios sobre la corona de espinas también han teorizado sobre la especie que se utilizó
para trenzarla. Son variadas las especies de plantas y arbustos espinosos que crecen en los alred-
edores de Jerusalén. Tradicionalmente se ha considerado que emplearon ramas de un arbusto de la
familia de los azufaifos denominado
ziziphus spina Christi
(fig. 4
),
pero otros autores consideran que
puede ser el
ziziphus vulgaris
, el
poterium spinosum
(fig. 5) y otros. En cualquier caso, debían ser ramas
secas que estarían amontonadas en el pretorio destinadas a alimentar la lumbre.
La iconografía de la coronación de espinas en la Historia del Arte.
Pese a que San Juan, San Marcos y especialmente San Mateo, describen la escena de la coro-