Página 51 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
nación de espinas con bastante detalle, no fue una representación habitual hasta el siglo XIV, donde
las revelaciones de Santa Brigida sobre la pasión de Cristo y, especialmente, el teatro de los misterios
debieron ser determinantes para la difusión de esta temática. Por lo general en dicha escena se rep-
resenta a Cristo sentado en un escalón, peñasco o sencillo banco de piedra, con un manto corto (la
clámide) de color rojo o púrpura sobre los hombros, una caña en la mano, y soldados y sayones, en
un número entre dos y cinco, encajándole la corona de espinas, insultándole, golpeándole o realzado
revrencias ante Él. Los evangelistas describen como los soldados romanos se burlan de Jesús ridcu-
lizándolo como el nuevo rey de los judíos, por ello le imponen la clámide a modo de manto real, la
caña como cetro y el peñasco como trono del monarca, pese a que en ninguno de los evangelios sinóp-
ticos se detalla si Cristo fue coronado de pie o sentado. Otro de los aspectos que llama la atención es
la representación más numerosa de sayones que de soldados romanos, más si cabe cuando los evan-
gelistas revelan que los que llevaron a cabo el escarnio fueron soldados del procurador, y por tanto
romanos.
Pese a que, como ya se mencionaba con anterioridad, la representación de la coronación de es-
pinas en el arte no se extendió hasta el siglo XIV, si es posible rastrear algunos ejemplos previos a esa
fecha que resultan realmente interesantes, tanto por su calidad artística como por su iconografía. Tal
es el caso del sarcófago 171 del Museo Pío Cristiano del Vaticano (fig. 6), datado hacia el año 350. En
la segunda escena, empezando por la izquierda, un soldado romano va a colocar sobre la cabeza del
Señor una corona, que más parece de flores que de espinas. Cristo es representado de pie, vestido con
una toga y sin barba, tal y como era habitual en época paleocristiana.
Sin salir de Italia, pero avanzando en el tiempo casi nueve siglos, nos encontramos ante una
escena, que aunque no se trate exactamente de la Coronación de Espinas, está muy vinculada a lo que
sucedió en aquel momento en el interior del Pretorio. En uno de los relieves de las monumentales
puertas de bronce de la catedral de Benevento (fig. 7), se muestran los improperios. Cristo vuelve a
representarse en pie, aunque ya barbado, con la corona de espinas en la cabeza, un palo largo como
cetro y recibiendo los insultos y chanzas de cuatro sayones. Llama la atención la evidente perspectiva
jerárquica, en la que Jesús es considerablemente más grande que sus verdugos.
La temática del escarnio fue pintada en los siglos XIV y XV por otros artistas italianos como
Giotto y Fra Angélico. Así, el primero de ellos, dentro del amplio programa iconográfico de los frescos
de la conocida como capilla de la Arena de Padua (fig. 8), relató el escarnio (fig. 9), representando a
Cristo ya sentado y con la caña en la mano. La soldadesca se mofa de Él, le tira del pelo, le hace rev-
erencias o se prepara para golpearle con la mano o con una vara, mientras que Pilatos aparece en el
lado derecho de la escena hablando con otros personajes. Por su parte, Fra Angélico concibe una de
las obras más originales que sobre este episodio se hayan realizado a lo largo de la historia del arte.
En la década de 1430 comienza a decorar el convento de San Marcos de Florencia, fundación en la que
residía. En las paredes de las celdas del piso superior realiza un conjunto de frescos que tenían como
finalidad favorecer la meditación de los monjes y acompañarlos en sus oraciones. En la celda siete
pintó, junto a su pupilo Benozzo Gozzoli, la escena del escarnio de Cristo (fig. 10) de un modo sobrio,
con gran sencillez, pero al mismo tiempo con una fuerte carga expresiva y espiritual. Jesús aparece
sentado, con los ojos vendados, la corona de espinas ceñida en la frente, la caña en la mano derecha y
en la izquierda una esfera que simboliza la bola del mundo. Pero lo más llamativo es que el escarnio
se representa con una enorme economía de medios, lo único que pinta de los esbirros son las manos
que infligen daño o burla a Cristo y la cabeza del que le escupe en el rostro. También resulta llamativo,