Página 52 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
como en un primer plano, y como fuera de la escena, aparece por un lado la Virgen que gira la cabeza
para no mirar el martirio de su hijo, y Santo Domingo en meditación.
En las postrimerías del gótico, hacia finales del siglo XV y especialmente en las primeras déca-
das del siglo XVI, se populariza una iconografía de la coronación de espinas en la que dos verdugos
utilizan un par de palos colocados en forma de “X”, o de cruz, para encajar con fuerza la corona en la
cabeza del Señor, mientras que otros, con caras y gestos caricaturescos se mofan de Él. Llama también
la atención el evidente anacronismo de las extravagantes vestimentas de los sayones. Parece evidente
que esta representación descrita, es una traslación, más o menos literal, de la puesta en escena del
teatro de los misterios, en la que debían ser habituales las poses y actitudes grotescas por parte de los
actores que encarnaban a los esbirros. Lo cierto es que dicha representación tendrá un amplio desar-
rollo en el arte del centro y norte de Europa, así como en el ámbito de la escuela hispano-flamenca.
En esta expansión tendrá un papel fundamental la difusión de grabados como los de Durero (fig. 11),
Jacob Cornelisz van Oostsanen (fig. 12) o especialmente Lucas Cranach (fig. 13). Las obras de arte que
siguen este esquema son abundantes, algunos ejemplos son: Albrecht Altdorfer (fig. 14), el maestro
de Ottobeuren (fig. 15), El Bosco (fig. 16), el relieve de la coronación en el retablo mayor de la Catedral
de Sevilla (fig. 17), maestro de la Sisla (fig. 18) Rodrigo y Francisco de Osona (fig. 19), Juan Correa de
Vivar (fig. 20), una escultura de marfil del Museo Lázaro Galdeano (fig. 21), una pintura en el Museo
Catedralicio de Cádiz (fig. 22) y otra en el Museo Lázaro Galdeano atribuida a la escuela de Brujas
(fig. 23).
La disposición de las cañas cruzadas para coronar de espinas a Cristo va a perdurar en el tiem-
po, como lo atestiguan las dos pinturas que sobre el tema realizó Tiziano en 1540 (fig. 24) y 1575 (fig.
25). Pero la gran diferencia que se percibe es que aquí ya han desaparecido los personajes grotescos,
siendo sustituidos por otros de anatomías poderosas, por lo que la violencia contra Jesús no se refleja
a través de la fealdad sino de la fuerza. Además, entre estos personajes se entremezclan soldados con
armaduras y sayones que visten calzas y camisas un tanto desarrapadas, incluso algunos dejan parte
de su torso al descubierto. Esta caterva diversa de verdugos se mantendrá durante el barroco y sub-
sistirá hasta nuestros días a través de la imaginería procesional.
Caravaggio, el gran creador del tenebrismo, realizó dos pinturas sobre la coronación de es-
pinas (fig. 26) y (fig. 27). En ambas concibe la escena en un plano muy cercano al espectador, lo que
refuerza la sensación de realismo. El tratamiento de la luz potencia la expresividad, al mismo tiempo
que produce un efecto tridimensional en el que las figuras casi poseen un tratamiento escultórico. Los
sayones continúan utilizando cañas o palos para encajar la corona de espinas, pero ya no se disponen
cruzados sino más bien en vertical. Iconográficamente llama también la atención lo presente que está
la clámide, de un profundo rojo. Caravaggio mantendrá la mezcolanza en la indumentaria de los es-
birros, utilizando ropajes propios de finales del siglo XVI y principio del siglo XVII.
La influencia del gran pintor italiano será enorme en toda Europa y así lo atestigua la gran
cantidad de artistas seguidores de Caravaggio. Sirva como ejemplo dos obras sobre la coronación de
espinas, una del artista de Utrecht Dirk van Baburen (fig. 28) y otra de José de Ribera (fig. 29). En la
primera es evidente el parecido con la coronación de espinas del museo de Historia del Arte de Viena
(fig. 27), mientras que la de El Spagnoleto es similar a la de la
Cassa di Risparmio
de Prato (fig. 26).
Durante el barroco, en paralelo a la disposición de la corona de espinas sirviéndose de palos,
se va a desarrollar otra iconografía en la que un verdugo la encaja directamente con las manos. En
ocasiones las lleva protegidas por guanteletes metálicos, en otras las manos están desnudas. Si bien es