Página 53 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
cierto que, ya en el siglo XV, El Bosco representó dicha escena al pintar a un sayón que, con guante-
letes, se dispone a colocarle la corona de espinas a Cristo (fig. 30), será a partir del año 1600 cuando se
expanda. Annibale Carracci (fig. 31), Orazio Gentileschi (fig. 32), Anton van Dyck (fig. 33), Valentin de
Boulogne(fig. 34) o Willen van Herp (fig. 35) son algunos ejemplos. No querría terminar esta relación
sin comentar un precioso dibujo de José de Ribera que se encuentra en el Museo del Prado (fig. 36).
En el inventario del propio museo aparece como Coronación de Espinas, pese a que el sayón no porta
corona. Más bien parece que está golpeándole utilizando tan sólo sus manos.
A lo largo de los siguientes siglos no vamos a encontrar grandes innovaciones iconográficas
en las creaciones artísticas cuya temática es la coronación de espinas. Los modelos se van repitiendo
sin demasiadas variables y se aprecia un cierto interés por introducir aspectos arqueológicos, espe-
cialmente a través de elementos arquitectónicos del mundo clásico. No obstante en la Coronación de
Espinas de Tiziano de 1540 ya aparecen este tipo de elementos. Para ilustrar lo comentado sirva como
muestra el fresco de la coronación de espinas de Giambattista Tiepolo (fig. 37), la pintura que sobre
el mismo tema realizó su hijo Giandomenico (fig. 38) o el relieve en marfil de Andrea Pozzi (fig. 39).
La iconografía de la Coronación de Espinas en la imaginería procesional
La Coronación de espinas no es una temática excesivamente difundida en la imaginería pro-
cesional antes del siglo XX, tanto es así que tan sólo he podido dar con algunos ejemplos anteriores
a 1900. Sí es mucho más frecuente la representación de Cristo solo, sentado, con corona de espi-
nas, clámide y caña en las manos. Estas imágenes suelen tener advocaciones como la de Cristo de la
Paciencia o de la Humildad, aunque en ocasiones se confunde con el episodio de la espera del Señor
antes de ser clavado en la cruz. En cualquier caso se trata de una iconografía diferente a la coronación,
por lo que no vamos a desarrollarla en el presente trabajo.
El primer paso que vamos a analizar es el de la Coronación de Espinas que encargó la cofradía
de la Vera Cruz de Valladolid a Gregorio Fernández en la década de 1620 (fig. 40). En la actualidad
tan sólo es sacado en procesión el Cristo (fig. 41). Lo que sucedió es que con el declive de la Semana
Santa, el conjunto quedó reducido al titular, y las imágenes secundarias fueron relegadas al museo de
escultura que se creó en Valladolid en 1842 tras la desamortización de Mendizábal. En la actualidad
se han identificado tres de las cuatro esculturas que acompañaban a Cristo, gracias en gran medida al
contrato que el escultor pucelano Díez de Tudanca firmó con la cofradía de Jesús Nazareno de León,
en el que se comprometía a realizar una copia del paso de la Coronación de Espinas de la cofradía de
la Vera Cruz de Valladolid. Se desconoce el paradero del paso de León, pero por el contrato se deduce
que el conjunto estaba formado por cinco figuras: “
Christo en su tórculo sentado con vestidura purpura
como está el de Valladolid, dos sayones que le están coronando con sus orquillas, otro sayón que está delante de
rodillas dándole la caña, otra figura detrás que está mirando la ejecución del castigo, este representa un juez del
senado
”. Únicamente queda por identificar uno de los sayones que encajaba la corona a Cristo y que
al parecer debió perderse antes que las esculturas fueran trasladadas al museo. Iconográficamente
apenas existen novedades con lo analizado hasta ahora. La disposición de las figuras, los atributos
que porta Jesús, el anacronismo en los ropajes de los sayones, sus gestos grotescos… son aspectos que
hemos observado ya desde finales del gótico. Quizá la única novedad reseñable es la presencia de Pi-
latos, no tanto por formar parte de la escena, sino por su apariencia, que se aleja de la acostumbrada
sin barba y vestido con toga. Aunque en los siglos del barroco es frecuente que el pretor se represente