Página 70 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
nuestras ánimas, y no hiciste caso de ello?” Respóndeles Dios: “Porque en el día del ayuno vivís a
vuestra voluntad, y no a la mía; y apretáis, y fatigáis a todos vuestros deudores. Ayunáis; mas no de
pleitos, y contiendas, ni de hacer mal a vuestro prójimo. No es, pues, ese el ayuno que me agrada, sino
este: Rompe las escrituras, y contratos usurarios: quita de encima de los pobres las cargas, con que los
tienes opresos; deja en su libertad los afligidos, y necesitados, y sácalos del yugo que tienes puesto
sobre ellos: de un pan que tuvieres, parte el medio con el pobre, y acoge a los necesitados, y peregri-
nos en tu casa: y cuando eso hicieres, y abrieres tus entrañas al necesitado, y le socorrieres, y dieres
hartura, entonces te haré tales, y tales bienes.” Los cuales prosigue muy copiosamente hasta el fin de
este capítulo. Ves aquí, pues, hermano, en que puso Dios una gran parte de la verdadera justicia, y
cuan piadosamente quiso, que nos hubiésemos con nuestros prójimos en esta parte.
Pues ¿qué diré del Apóstol san Pablo? ¿En cuál de sus Epístolas no es esta la mayor de sus en-
comiendas? ¿Qué alabanzas predica de la caridad? ¿Cuánto la engrandece? ¿Cuán por menudo cuen-
ta todas sus excelencias? ¿Cómo la antepone a las otras virtudes, diciendo, que ella es el más excelente
camino, que hay para ir a Dios? Y no contento con esto, en un lugar dice : “Que la caridad es vínculo
de perfección”, en otro dice : “Que es fin de todos los mandamientos”, en otro : “Que el que ama a su
prójimo, tiene cumplida la ley.” ¿Pues qué mayores alabanzas se podían esperar de una virtud, que
éstas? ¿Cuál agradará a Dios, que no quede admirado, y enamorado de esta virtud, y determinado de
ordenar, y enderezar todas sus obras a ella?.
Pues aún queda sobre todo esto la Canónica de aquel tan grande amado, y amador de Christo
San Juan Evangelista; en la cual ninguna cosa más repite, ni más encarece, ni más encomienda, que
esta virtud. Y lo que hizo en esta Epístola, eso mismo, dice su historia, que hacia toda la vida. Y pre-
guntando, ¿porque tantas veces repetía esta sentencia? Respondió , que porque si ésta debidamente
se cumpliese, bastaba para nuestra salud.
De los oficios de la Caridad.
Según esto el que de veras desea acertar á contentar
a Dios, entienda, que una de las cosas más principales que
para esto sirven, es el cumplimiento de este mandamien-
to de amor: con tanto, que este amor no sea desnudo, y
seco, sino acompañado de todos los efectos, y obras que del
verdadero amor suelen seguir; porque de otra manera no
merecería el nombre de amor, como lo significó el mismo
Evangelista, cuando dijo : “Si alguno tuviere de los bienes
de este mundo, y viendo a su prójimo en necesidad no le
socorre; ¿cómo está la caridad de Dios en él? Hijuelos, no
amemos con solas palabras, sino con obras, y con verdad.”
Según esto, debajo de este nombre de amor (entre otras mu-
chas obras) se encierran señaladamente estas seis: conviene
saber, amar, aconsejar, socorrer, sufrir, perdonar, y edificar.
Las cuales obras tienen tal conexión con la caridad, que el
que más tuviere de ellas, tendrá más caridad, y el que me-
nos, menos. Porque algunos dicen, que aman, y no pasan
más adelante este amor. Otros aman, y ayudan con avisos, y
“Caridad”, (detalle), Anthony van Dyck (ca. 1627-1628).
National Gallery, Londres.