Página 74 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
rigurosidad en la valoración estética de las nuevas obras, especialmente en Murcia, donde el extraor-
dinario nivel artístico de las escenas con representaciones sacras heredadas del taller barroco del
maestro Salzillo, pone un listón tan alto y dificulta sobremanera el estar a la altura de lo ya existente,
como es el legado que continuaron constituyendo algunos casos, que prefiero omitir, un verdadero at-
entado al talento y los afanes creativos de Roque López, Nicolás de Bussy o González Moreno que con
tanta fortuna hicieron tangibles en madera sus creencias religiosas en la sociedad que les tocó vivir.
Más tarde tendríamos el privilegio de sumar la figura de Hernández Navarro que se ha estado man-
teniendo en un difícil equilibrio entre la tradición que reclaman sus clientes y la innovación estética.
O Ramón Cuenca, un artista que a pesar de no ser murciano ha calado con su derroche de ternura y
fragilidad haciéndose hueco sin desentonar en nuestra semana santa. Ahora bien, cuando se trata de
añadir imágenes, de crear nuevos pasos, debemos saber imbricar nuestra idiosincrasia con la plástica
del escultor y ello hoy día no es nada fácil. Imagineros con talento, fuerza y espiritualidad están
abriéndose paso e insertándose plenamente entre la tradición y la innovación que es lo que demanda
nuestra tierra, y si hay un artista capaz de aunar estos preceptos es el joven escultor malagueño José
María Ruiz Montes, que sería nuestro González Moreno de los años cincuenta, con unos valores muy
acentuados de la belleza clásica y enorme enjundia estética en su sentido más clasicista y mediterrá-
neo. O el ya consolidado escultor Darío Fernández Parra, con unos valores neobarrocos andaluces y
una perfección formal absoluta que encajaría entre nuestros grandes maestros.
Las comparaciones, aparte de odiosas, son inevitables, y adaptar nuevas imágenes conlleva sus
riesgos por lo que, muy a nuestro pesar, algunas adquisiciones recientes (y otras por venir) no tiene la
magnificencia y la capacidad de conmover de aquellas que a lo largo de los siglos hemos ido configu-
rando con tanto mimo y esfuerzo. Si de añadir se trata, debe hacerse con normalidad en el repertorio
procesional aportando para la historia artística de la Semana Santa murciana el nombre de nuevos
imagineros que hayan podido afrontar con valentía y superado un reto tan complicado, pero ni todo
ni todos valen.
J.M. Ruiz Montes. Cristo de  la Misericordia.  2015. Málaga.