Página 73 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
Dicen que la verdad tiene dos sabores: uno dulce, para el que la dice, y otro amargo, para el
que la oye. Pero cuando hablamos de arte, de imaginería, de semana santa, la verdad se diluye en los
recovecos del corazón.
Y no es menos cierto que hay momentos que el corazón nubla las verdades más maravillosas,
aquellas que bajo el ligero manto de la subjetividad cubren nuestra más bella ignorancia.
Ni todo es arte ni todo es verdad, y en cualquier terreno escurridizo podrían prevalecer unas
obras hechas con bondad, voluntad e ilusión, ésas que disculpamos y sonreímos compasivos cuando
las vemos insertas en nuestros desfiles pasionarios.
La verdadera obra de arte no es más que una sombra de
la perfección divina,
al menos así lo describía Miguel Ángel, por ello no todas las obras cumplen la fun-
ción para la que son creadas, ni todos los artistas tienen el don de otorgárselas. Arte, verdad, unción, o
belleza son eslabones de una misma cadena no tan sólida como antaño. Nos conformamos con añadir
obras mediocres a nuestros desfiles aduciendo que estamos en crisis, y es cierto. Pero no es sólo una
crisis material sino espiritual, de valores, de conocimiento, de humildad.
La sociedad murciana siempre se ha caracterizado por su fuerte y arraigada religiosidad, por lo
que el respeto y valor que se le da a la imagen de culto debería estar por encima de cualquier aspecto
material que pudiera restarle su particular idiosincrasia. La proliferación de gente nueva muchos de
los cuales practican la competencia desleal hacen que la crisis perdure porque las hermandades se
decantan siempre por lo más económico, en detrimento de la calidad. Y en nuestra ciudad hace rela-
tivamente pocos años que vamos incorporando sin prisa pero sin pausa obras que deslucen nuestros
cortejos desde que algunas cofradías iniciaron la incorporación de nuevas tallas a los desfiles proce-
sionales de Semana Santa, la mayor parte de ellas elaboradas por imagineros de nuestros días. Los
principales motivos, en líneas generales, han sido fundamentalmente dos: el deseo de cubrir ciertas
lagunas en el relato evangélico relativo a las representaciones de la Pasión y por otro el afán de ciertas
cofradías por crear o incrementar su propio patrimonio artístico. Las diferentes iniciativas no siem-
pre han tenido igual fortuna. Incluso algunos casos incitan a preguntar si lo que se ha aportado era
realmente necesario. La imaginería es algo más que madera y gubia, es la representación veraz que
conmueve al fiel a la devoción, es la ternura o el dolor, es la palidez o la piel escarnecida, la sangre, las
lágrimas, las llagas, la tortura o el descanso, la desnudez cubierta con la pureza de un paño sagrado
o el manto que arropa a una madre desconsolada. Por ello, siendo justos sería necesaria una mayor
IMÁGENES MÓVILES DE LA
ETERNIDAD MURCIANA
Laura Sánchez Rosique.
Historiadora del Arte y especialista en
Conservación y Gestión del Patrimonio