Página 77 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
LOURDES HERNÁNDEZ PEÑA
Antonio Zambudio Moreno
Historiador del Arte
Triana: el nombre de un legendario barrio de Sevilla. Una palabra, una idea de vida, casi un
concepto existencial para expresar todo lo que encierra la otra parte del Guadalquivir. Su ambiente, su
cotidianeidad con el carácter y temperamento de su gente, sus calles, los viejos corrales de vecinos, las
academias de baile, los talleres de alfarería y sus historias y leyendas, todo aquello que forma parte de
la vieja tradición que se resiste a perderse en el valle de la modernidad recalcitrante, del uniformismo,
de lo banal. Enclave marinero, siempre mirando hacia el río, cuna de las grandes tripulaciones con
destino a América de hombres que creían en un sueño, en una esperanza y un anhelo de mejor vida y
aventura. El famoso puente de Isabel II une a este barrio con esa otra Sevilla que a su vez, también se
resiste a caer bajo el peso de los tiempos que corren.
Y es allí donde habita desde el mismo día de su nacimiento un 19 de diciembre del año 1969,
nuestra protagonista: la escultora Lourdes Hernández Peña. Una mujer que en ningún momento se ha
movido ni de su ciudad, ni de su popular enclave vecinal, lo que tal vez le haya ayudado a desarrollar
su arte, porque según ella misma cuenta “
ni que decir tiene que es un barrio donde se respira el arte por
sus calles, soy una enamorada de Triana”,
además,
“al vivir allí y tener también el taller en ese lugar, ir
hacia él es dar un paseo. No cojo el coche prácticamente para nada pues es un gusto salir del taller y darte un
pequeño paseo hasta casa y encontrarte con amigos y tomar un café”.
Con ello, Lourdes se impregna de lo
autóctono, del carácter de sus conciudadanos y como no, del aroma artístico que fluye por las calles
del castizo barrio, lo que le ayuda luego a interpretar todo aquello que ha asimilado y plasmarlo
en sus creaciones, pues al fin y a la postre el arte de la imaginería responde en muchos casos a los
preceptos más esencialmente populares.
Al hablar de sus inicios, de sus inquietudes primigenias respecto al arte, desvela que “
mis comienzos
no se diferencian en principio de los de cualquier chaval con inquietudes artísticas y mucha ilusión por dedicarse
a la imaginería”,
aunque como ella misma cuenta
,
no tuve la suerte de tener una familia vinculada al arte
o a las cofradías, con lo cual, partía de cero en esta andadura, buscando siempre donde exponer o presentar mi
trabajo
”. Por todos estos motivos, Lourdes expresa que “
me preocupé por formarme estudiando la carrera
de bellas artes en la especialidad de escultura y restauración, a la vez que la compaginaba trabajando como
aprendiz en el taller de un imaginero local, siempre creando y presentando obras
”. Doble mérito por tanto;
es decir, por un lado su propia formación académica, no conformándose simplemente con el hecho
de llevar a efecto un aprendizaje autodidacta y artesanal, estudiando las distintas técnicas y medios