Página 98 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
lejano (cf
Lc
10, 27-37), que amemos a los niños (cf
Mc
9, 37) y a los pobres como a Él mismo (cf
Mt
25,
40.45).
Sublime Caridad, que siempre arda
En mi patria tu lumbre;
Cese a tu influjo bienhechor, divino,
Toda pasión bastarda;
Te heredamos del Golgotha en la cumbre
Y acercarnos a Dios es tu destino:
Ennobleciendo al hombre lo recreas,
Sirve tu luz de norte
En el estrecho, terrenal camino
Sobre su fango alzando las ideas.
Tú eres del corazón, santo resorte;
Por ti, trocado en bien, vale el vil oro
Y eternales nos das ricas preseas:
Al murciano clamor contesta en coro
Mi España; - A Dios por ti y en ti lo adoro.
Sublime CARIDAD ¡bendita seas!
J. Tejón y Rodríguez (Málaga)
Si no tengo caridad —dice también el apóstol— “nada soy...”. Y todo lo que es privilegio,
servicio, virtudmisma... si no tengo caridad, “nadame aprovecha” (
1 Co
13, 1-4). La caridad es superior
a todas las virtudes. Es la primera de las virtudes teologales:
ahora subsisten la fe, la esperanza y la
caridad, estas tres. Pero
la mayor de todas ellas es la caridad
” (1 Co 13,13).
Sin caridad, el alma indiferente
No puede concebir virtud alguna;
Sin virtud, el espíritu que siente
Es día eterno sin sol, noche sin luna.
Fabio de la Rada y Delgado.
La Inundación, una obra de teatro en cuadro dramático, de José Marín Baldo, cuyos person-
ajes, todos ellos huertanos de una familia que vive la inundación en primera persona, ellos son: El
Tío Facorro, la Tía Juana (su mujer), el Cura, Fuensanta (hija soltera de 20 años), Perico (su novio
de 27 años), la Tía Josefa (madre de Perico), el Tío Pepe (padre de Perico), huertanos y huertanas de
Murcia, viejos, jóvenes y niños. La escena representa una barraca en primer término, a la derecha del
espectador, de modo que la puerta y su emparrado vengan al centro del escenario. Al fondo, la vega
iluminada por el sol saliente. Trasladarla a este artículo sería muy arduo, por lo que dejo a su elección
hacerse con una copia del libro y leerla despacio, sacando todo el provecho posible de su lectura, pues
del diálogo de los huertanos viejos se sacan buenas y verdaderas inspiraciones cristianas.