Page 17 - Rosario Corinto 11
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ALFONSO ALBURQUERQUE GARCÍA
Delegado Episcopal de Hermandades y Cofradías de la Diócesis de Cartagena
Un año más, nos adentramos en los días grandes de la fe cristiana, donde rememo-
ramos y hacemos presente el gran misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección del
Señor Jesucristo. Este gran misterio nos recuerda una vez más la gran Misericordia
y el amor que nos tiene nuestro Dios, al poner en boca de su Hijo estas bellas palabras, dirigidas al
buen ladrón: “Te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso”.
Una promesa que sigue haciéndose realidad hoy en este siglo XXI, donde el ser humano
quiere apartar de su vida a Dios, quiere borrar de un plumazo a Jesucristo y a la Iglesia. Pues, aun
así, el Señor sigue diciéndonos que nos ama, que nos perdona y que, una vez más, sigue entregando
su vida en la cruz por nosotros.
Jesús te dice, nos dice, en cada momento que está a la puerta de tu corazón, de día y de
noche. Aun cuando no estés escuchando, aun cuando dudes que pudiera ser Él, ahí está esperan-
do la más pequeña sugerencia de invitación que le permita entrar. Él quiere que sepas que cada
vez que le invitas viene siempre, sin falta. Viene en silencio e invencible, pero con un poder y un
amor infinito, trayendo los muchos dones de su Espíritu; viene con su misericordia, con su deseo
de perdonarte y de sanarte, con un amor hacia ti que va más allá de tu comprensión. Un amor
en cada detalle, tan grande como el amor que ha recibido del Padre. Viene deseando consolarte y
darte fuerza, levantarte y vendar todas tus heridas. Te trae la luz, para disipar tu oscuridad y todas
tus dudas.
Jesucristo te conoce como tú conoces la palma de tu mano, sabe todo acerca de ti, hasta
los cabellos de tu cabeza los tiene contados. Te ha seguido a través de los años y siempre te ha
amado, hasta en tus extravíos. Conoce cada uno de tus problemas. Conoce tus necesidades y tus
preocupaciones y, así, conoce todos tus pecados. Pero vamos a lo esencial: te dice de nuevo quete
ama, no por lo que has hecho o dejado de hacer. Te ama por ti, por tu belleza y la dignidad que su
Padre te dio al crearte a su propia imagen. Es una dignidad que muchas veces hemos olvidado, una
belleza que hemos empañado por el pecado. Pero te ama como eres y ha derramado su Sangre en
su agónica Muerte para rescatarte. Si sólo se lo pides con fe, su gracia tocará todo lo que necesita
ser cambiado en tu vida. Él te dará la fuerza para librarte del pecado y de todo su poder destructor.
Sirvan estos días de Semana Santa para mirar al Crucificado, a ese Dios que se ha hecho
hombre para salvarnos del morir eterno, sabiendo que sin cruz no hay resurrección, sin Viernes
Santo no hay Domingo de Pascua.
Miremos a nuestro interior, busquemos en lo más profundo de nuestro ser dónde están
nuestras señas cristianas y saquémoslas, para que cuando llevemos o veamos pasar a Cristo en la
Cruz camino del monte Calvario nos envuelva en el corazón esa ansia de ser cristianos de verdad,
de querer decir al mundo y a los hombres que merece la pena dar la vida por los demás.
Eso es lo que hizo y sigue haciendo Jesús por nosotros. A eso nos invita a ser en medio del
mundo, de la familia, de mi pueblo, signos visibles del amor misericordioso de Dios. No olvides
que el final es vencer la muerte y el mal: ¡No está aquí, ha Resucitado! Que estos días santos ven-
gan como cada aliento fresco de aire que necesitas para poder seguir respirando, como cada trago
de agua limpia que corre por el arroyo de tu vida. No lo olvides: ¡Venid a mí todos los que estáis
cansados y agobiados, y yo os aliviaré! Nos dice el Señor.
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