Página 129 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
actitud crítica con la forma en que se manifestaba el culto a Dios en torno al templo y como prueba,
basta recordar el episodio con los cambistas que tan bien describe
Marcos. Ciertamente, había hablado de destruir el templo y de
reconstruirlo en tres días, pero no se estaba refiriendo al edificio,
sino a la sustitución de un templo de origen humano por otro de
origen divino.
Jesús no abroga de la ley, exige simplemente la eliminación
de la inmoralidad del culto y de todo lo que de superficial hay
en torno al templo. En definitiva, Jesús quiere un templo nuevo,
una iglesia nueva, alejada de intereses espurios y personalistas.
Los sumos sacerdotes no ven con buenos ojos a este judío de ideas
renovadas.
Detenido y conducido por esta causa como un preso común
primero ante Anás y luego ante Caifás, los sumos sacerdotes y los
fariseos consensuaran los motivos que aducir ante la autoridad
romana, que es la que tiene potestad para condenar y ajusticiar.
Hay que acabar como sea con este individuo que pone el peligro
los suculentos intereses económicos de los sanedritas y amenaza
con desestabilizar el status de los sumos sacerdotes.
El sumo sacerdote y el sanedrín, en pleno, buscaban un testimonio contra Jesús que permitieran
condenarlo amuerte, pero no lo encontraban. En el primer interrogatorio, Caifás interpela a Jesús sobre
su procedencia divina: ¿No eres tú el Mesías, el hijo de Dios? Si Jesús niega, se aleja del anuncio del
Reino que el mismo proclama, si afirma, deberá asumir las consecuencias de confesar ante los judíos
lo que para estos era una herejía. “Yo soy”, contestó Jesús. El juicio religioso, carente como hemos
visto de la más mínima imparcialidad que debe presidir cualquier proceso jurídico, ha acabado. La
sentencia está escrita. La instrucción previa al juicio romano, terminada.
A la mañana siguiente, Caifás envía a Jesús ante Pilato. Estamos en Jerusalén. Pilato, como
buen pagano, no profesa el credo de Israel y tampoco tiene mucha simpatía por el templo judío, es
más, lo considera un foco de problemas. Los sumos sacerdotes lo saben, así que la acusación judía no
les va a valer ante la autoridad romana. Hay que inventar una nueva acusación que tenga encaje en
el Derecho Romano: Jesús será ahora un agitador, un revolucionario que no quiere pagar el tributo al
César y que se autoproclama Mesías. Pasamos de una acusación religiosa a una acusación política, sin
más que el testimonio sesgado de unos cuantos israelitas interesados. Pilato no lo ve claro y envía a
Jesús ante Herodes, que tampoco encuentra motivo de condena para aquel súbdito suyo y devuelve
a Jesús de nuevo a los dominios del prefecto romano.
Fíjense si las acusaciones eran graves que hasta tres veces trata Pilato de exculpar a Jesús.
“Pero qué ha hecho de malo este hombre”, se pregunta, pero la muchedumbre, enardecida, le grita
“Crucifícalo, crucifícalo”. Pilato duda, pero los judíos le insisten: “si sueltas a este, no eres amigo del
César
Se inicia así, ya bajo la tutela romana, el proceso jurídico del
cognitio
: habrá una acusación, unos
testigos que juran y perjuran haber oído a Jesús proclamarse Mesías, un interrogatorio, un reo que se
defiende a si mismo (su silencio sirve como testimonio) y una sentencia, dictada probablemente
extra