Página 130 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
ordinem
, el equivalente actual a un juicio rápido y que condena a Jesús por “
crimen laesae maiestatis
populi romani”,
o lo que es lo mismo por ataque a la autoridad del pueblo romano. “
Ibis in crucem”,
irás a la cruz, es la condena.
En un último intento por salvar la vida de Jesús, Pilato manda azotarle, para tratar de satisfacer
así a los judíos. El castigo de la flagelación es considerado por los romanos como una corrección que
tiene como fin enmendar una conducta punitiva. Inocente, Pilato cree saciar así el ansia de sangre de
los judíos.
Desnudo y atado a una columna, Jesús es fustigado con el flagrum taxillatum
,
un látigo de
cuero con trozos de hueso, piedras y plomo, que causa enormes destrozos en el torso del condenado.
Los verdugos no son, como se piensa, soldados romanos. Se trata de una suerte de mercenarios, al
servicio de Pilato, que no gozan de las simpatías
del pueblo judío, que los considera traidores
vendidos al poder. Estos esbirros aprovecharán
la oportunidad de vengarse de un pueblo que los
desprecia castigando sin piedad a un judío. Los
judíos, temerosos de La Torá, establecen para
este tipo de castigo un máximo de 39 latigazos,
los romanos, como dirá Josefo, fijan como límite
la capacidad de aguante del reo, por lo que lo
habitual era golpearle sin piedad hasta que el
torso, descarnado, dejara entrever los músculos
de la espalda y la espina dorsal o hasta que el reo
muriese.
Es Nuestra Sagrada Flagelación.
No contentos con el terrible castigo físico y en un intento de despojar al reo de cualquier rastro
de dignidad, soldados romanos introducen a un Jesús deshecho por la flagelación al interior del atrio
y entre más golpes y burlas le colocan, en honor a su autoproclamada majestad, una túnica púrpura
y una corona de espinas que se le clava con insufrible dolor en el cuero cabelludo, al tiempo que le
golpean la cabeza con una caña, la misma que le pondrán a modo de cetro. ¿Acaso es posible mayor
menosprecio?
Es Nuestra Coronación de Espinas.
Llegan los momentos más duros. Estamos en el Palacio de Herodes y los soldados romanos
acompañan y custodian a Jesús en el camino hacia el Gólgota, donde se ejecutará la sentencia.
Jesús, condenado
ibis crucem
deberá portar la cruz hasta lo alto del Calvario. La cruz consta de
dos maderos. El primero de ellos, el
stipes
o
staticulum
se encuentra habitualmente en el lugar elegido
para la ejecución. Es el palo vertical. El otro, el palo horizontal o
patibulum
debe portarlo el condenado.
Revestido de nuevo con las ropas que llevaba antes del entrar al pretorio, Jesús es atado al patibulum,
con los brazos extendidos y las manos atadas con cuerdas. Se estima que el peso de esta traviesa debía
ser de unos 40 kilos. Para un hombre que no debía pesar más de 60, es una terrible carga.
Empieza el camino hacia lo alto del Gólgota, no sin antes realizar un recorrido por toda la
ciudad, para escarmiento de los judíos. Durante el camino, Jesús cae, exhausto, por varias veces. Las
manos atadas al madero le impiden apoyarlas sobre el suelo. Una y otra vez, golpea con la cabeza
sobre la calzada. Un hombre, desangrándose por el terrible castigo de la flagelación, tocado por una
corona de espinas que se le incrusta en la cabeza en cada caída, despojado de toda dignidad humana