Página 152 - Rosario Corinto 03-2016

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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
sin embargo, la gran homilía de Gabi estaba por llegar. Su gran
predicación del amor de Dios, su gran explicación del concepto
de fe y entrega absoluta en los brazos del Señor no vino por las
palabras sino por un testimonio primero andante, a pie de calle
y más tarde postrado en el sillón o la cama del hospital.
Sólo unos meses antes de descubrirse su enfermedad, al
intensificarse en algunos países la persecución de los cristianos
se hizo popular en las redes sociales la solidaridad de cristianos
de todo el mundo con los seguidores de Cristo llamados por
sus perseguidores “nazarenos” en esas tierras de martirio en
pleno siglo XXI. Esa difusión se materializaba con
la letra “N”
en árabe seguida de la leyenda “Yo también soy del Nazareno”.
Así lo compartió Gabi en diversas imágenes a través de las re-
des sociales. Era pues una forma de mostrar la unión de todos los cristianos allá donde uno sufre,
pero también manifestaba y esta vez de forma personal un compromiso, una convicción, un acto de fe,
un grito al mundo: Aquí hay un cristiano, un nazareno,
dispuesto a dar la vida por Cristo, dispuesto a todo cu-
anto Él disponga, como quiera, cuando quiero, donde
quiera.
En multitud de ocasiones decimos: “yo soy naza-
reno”, ¿pero estaríamos dispuestos a decir qué somos
del Nazareno? Ese ser del Nazareno es una apuesta ar-
riesgada y comprometida de vida. Una forma radical de
entender nuestra existencia en la relación personal con
el Nazareno y comunitaria en nuestra convivencia con
los hermanos en condición de servidores de los demás…
Sin duda Gabi apostó por el sí e hizo del abandonarse
en los brazos del Señor su ruta de vida en todos los epi-
sodios de la enfermedad. Ese fue su verdadero vía cru-
cis. Esta vez no sale de ninguna iglesia, ni siquiera es
miércoles de ceniza para contemplar el rostro doloroso
del Señor de
la Salud a
quien tanta devoción profesó como cofrade y como consil-
iario... Tampoco hay trajes de chaqueta, ni cirios, ni incien-
so, ni mantillas, ni flores, ni corona de espinas… En este vía
crucis, en cambio, sí que hay un nazareno y estaciones: qui-
mioterapia, analíticas, viajes en tren, fatigas, dolores, trata-
mientos, goteros y el pijama de un hospital por túnica. Hay
oración, hay aceptación y sobre todo hay fe y esperanza en
que en Jesús Nazareno todo cobra sentido y como nos dirá
San Pablo nada ni nadie podrá apartarnos de su amor.
Como en todo vía crucis hay personajes que acom-
pañan al nazareno y son objeto de admiración por su ter-
nura y valentía, cirineos y verónicas que enjugan rostros,
que pasan noches en vela, que renuncian a todo sin mirar