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Muy Ilustre y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo de la Caridad
más allá con tal de estar donde hay que estar, ni más, ni menos. Cristo sufría con uno y consolaba con
otros y así, de este modo invisible, pero palpable, se encontraba con todos ellos, moldeaba corazones y
susurraba palabras de misericordia y ternura en lo más hondo del corazón. Es la forma que tiene Dios
de hacer las cosas… Se disfraza de casualidad, de encuentro fortuito, de circunstancia; pero también
se disfraza de soledad, de falta de trabajo y cómo no, también de enfermedad. Es al mismo tiempo
enfermo y enfermero, dolor y consuelo, sufrimiento humano y esperanza de vida eterna.
Así son las cosas de Dios, tiene a su alcance todas las armas de su infinito amor para salir al
encuentro de sanos y enfermos y ser bálsamo de heridas que no se ven, pero palpitan en el fondo del
corazón. Él pasa de este modo, transformando y convirtiendo todo en nuevo.
El Camino de la Cruz culmina en el Calvario. No hay
lugar, ni lo habrá, donde todo el amor pueda concentrarse de
forma igual; donde la entrega sin medida pueda manifestarse
de tal modo. Sólo un auténtico nazareno con fe firme puede
entregarse plenamente en los brazos del Padre y confiar sin
un mínimo de temor en sus designios amorosos. Este calvario
convertido en blanca sala de hospital es, como todos, lugar de
dolor y sufrimiento, nadie dijo que el calvario fuera lugar fácil,
pero por encima de todo es lugar de esperanza, de fidelidad, de
oración, de donación y entrega total.
¡Qué extraordinaria catequesis! Jamás en sus estancias
en Yecla, Lorca, Murcia, Monteagudo o Cartagena pudo
Gabi
expresar de tal modo todo aquello que significa ser cristiano,
seguidor de Jesucristo. Nunca pronunció un Sermón de las Siete
Palabras, ni pudo explicar la Pasión del Señor de modo más gen-
uino y auténtico que éste y cuando todo estaba cumplido, según
lo que el Señor había designado, descansó para siempre en Él.
La enfermedad vivida desde la fe es camino esperanza y