Page 48 - Rosario Corinto 09
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Está claro que los ancianos, por su parte, deben buscar vivir la vejez con sabiduría: “Estos
años de nuestra recta final contienen un don y una misión: una verdadera vocación del Señor”.
Esto significa: anunciar la presencia de Cristo [también] a las personas ancianas. La evangelización
y la llamada a la santidad es para todos, incluyendo a los abuelos.
Los jóvenes y los ancianos, de hecho, al unirse, pueden introducir en el tejido social esa
Mensaje de los ancianos nueva linfa de humanismo que haría que la sociedad estuviese más unida. Por eso les dice el Papa
Francisco: “¡Queridos jóvenes, cada uno de estos ancianos es vuestro abuelo! ¡No los dejéis solos!
a la Cofradia de la Caridad. Usad la imaginación del amor, haced llamadas telefónicas, videollamadas, enviad mensajes, escu-
chadlos [...]. Enviadles un abrazo”. Por su parte, en 2012 dijo Benedicto XVI : “No puede haber
un verdadero crecimiento humano y una verdadera educación sin un contacto fecundo con los
Rvdo. Julio García Velasco ancianos, porque su propia existencia es como un libro abierto en el que las generaciones más jó-
venes pueden encontrar indicaciones valiosas para el camino de su vida”.
El testimonio que pueden dar las personas mayores a través de su fragilidad es también
como un “magisterio”, una enseñanza de vida. Los ancianos nos recuerdan la debilidad radical de
todo ser humano, incluso cuando están sanos; nos recuerdan la necesidad de ser amados y apo-
yados. En la vejez, habiendo derrotado toda autosuficiencia, uno se convierte en un mendigo de
ayuda. “Cuando soy débil, es entonces cuando soy fuerte” (2 Cor 12,10), escribe el apóstol Pablo.
En la debilidad, es Dios mismo quien extiende primero su mano al hombre.
emos de tener hoy muy presentes las palabras del Papa Francisco en su oración del
27 de marzo de 2020 : “Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por La vejez también debe ser entendida como la edad particularmente propicia al abandono
Hlo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no en Dios. A medida que el cuerpo se debilita, la dependencia de la persona humana a Dios se hace
nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los cada vez más evidente.
pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables…”, Ahora es La debilidad de los ancianos es también provocativa: invita a los más jóvenes a aceptar la
el momento de “animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir dependencia de los demás como un modo de abordar la vida. Una sociedad que sabe aceptar la de-
nuevas formas de hospitalidad, fraternidad y de solidaridad”. bilidad de los ancianos es capaz de ofrecer a todos, esperanza para el futuro. Quitar el derecho a la
Los ancianos han estado entre los más afectados por la pandemia. “No advertimos, dice el vida a los más frágiles significa robar la esperanza, especialmente a los jóvenes. La vida no se acepta
Papa, que aislar a los ancianos y abandonarlos a cargo de otros sin un adecuado y cercano acom- si es demasiado débil y necesita cuidados, no es aceptada en su fragilidad. Y desgraciadamente no
pañamiento de la familia, mutila y empobrece a la misma familia. Además, termina privando a los se trata de una posibilidad remota, sino de algo que sucede con frecuencia allí donde el abandono,
jóvenes de ese necesario contacto con sus raíces y con una sabiduría que la juventud por sí sola no como repite el Papa, se convierte en una forma de eutanasia oculta y propone un mensaje que pone
puede alcanzar”. La vejez es un don y los abuelos son el eslabón entre generaciones, para transmitir en peligro a toda la sociedad.
a los jóvenes la experiencia de la vida y la fe. La presunción, el orgullo, la arrogancia, el desprecio por los débiles caracterizan a los que
La realización de una vida plena y de sociedades más justas para las nuevas generaciones se creen fuertes. Una actitud estigmatizada en las Escrituras: lo que es débil para el mundo, Dios
dependerá del reconocimiento de la presencia y de la riqueza que constituyen para nosotros los lo ha elegido para confundir a los poderosos (1 Cor 1,27). El cristianismo no sólo no rechaza ni
abuelos y los ancianos, en todos los contextos y lugares geográficos del mundo. esconde la debilidad del hombre, desde la concepción hasta el umbral de la muerte, sino que le da
Existe sin duda el deber de crear las mejores condiciones para que los ancianos puedan vivir honor, sentido e incluso fuerza.
esta fase particular de la vida, en la medida de lo posible, en un ambiente familiar, con sus amis- Los ancianos son vehículos insustituibles de la memoria para dirigir sabiamente el futuro.
tades habituales. Por eso, privar a los ancianos de su “papel profético”, dejándolos de lado por razones meramente
No olvidemos que cada anciano es diferente del otro, no se puede pasar por alto la singu- productivas, provoca un empobrecimiento incalculable, una pérdida imperdonable de sabiduría y
laridad de cada historia: su biografía, su entorno de vida, sus relaciones presentes y pasadas. Para humanidad. Al descartar a los ancianos, cortamos las raíces que permiten a la sociedad crecer hacia
arriba y no ser aplastada por las necesidades momentáneas del presente.
identificar nuevas perspectivas de vivienda y cuidado es necesario partir de una cuidadosa conside-
ración de la persona, de su historia y de sus necesidades. (Tomado de Documentación, Ciudad del Vaticano, 2 de febrero de 2021, resumido y
La atención domiciliaria ha de ser integrada, con la posibilidad de curas médicas a domicilio adaptado convenientemente)
y una distribución adecuada de los servicios en todo el territorio.
Las nuevas tecnologías y los avances de la telemedicina y la inteligencia artificial pueden ser
de gran ayuda: si se utilizan y distribuyen bien.
Por otra parte, nos importa mucho el tema de la fe. En las sociedades secularizadas de mu-
chos países, señaló el Papa Francisco, las generaciones actuales de padres no tienen, en su mayoría,
esa formación cristiana y esa fe viva, que en cambio los abuelos pueden transmitir a sus nietos.
Son el eslabón indispensable para educar a los niños y jóvenes en la fe. Debemos acostumbrarnos
a incluirlos en nuestros horizontes pastorales y a considerarlos, de forma no episódica, como uno
de los componentes vitales de nuestras comunidades.
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