Page 17 - Rosario Corinto 12
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ONSO ALBURQUERQUE GARCÍA
o Episcopal de Hermandades y Cofradías de la Diócesis de Cartagena
peranza en la que Cristo nos sumerge
…Con la apertura de la Puerta Santa damos inicio a un nuevo Jubileo. Cada uno de nosotros puede entrar en el misterio de este
anuncio de gracia. En esta noche, la puerta de la esperanza se ha abierto de par en par al mundo; en esta noche, Dios dice a cada uno:
¡también hay esperanza para ti! Hay esperanza para cada uno de nosotros. Pero no os olvidéis hermanos que Dios perdona todo, que
dona siempre. No os olvidéis de esto, que es un modo de entender la esperanza en el Señor…Esta es la señal para recuperar la esperan-
dida: renovarla dentro de nosotros, sembrarla en las desolaciones de nuestro tiempo y de nuestro mundo rápidamente. ¡Y hay tantas
olaciones en nuestro tiempo! Pensemos en las guerras, en los niños ametrallados, en las bombas sobre las escuelas y sobre los hospitales.
isponeos rápidamente, sin aminorar el paso, dejándose atraer por la Buena Noticia”.
Estas palabras las pronunció el Papa Francisco el pasado 24 de diciembre de 2024. Con ellas, no sólo inauguraba un nuevo Año
Jubilar, sino que introducía a toda la Iglesia por las sendas de un nuevo tiempo de gracia para renovar la esperanza a la que estamos
llamados desde nuestro bautismo.
El Papa es consciente de la multitud de causas que han provocado que algo tan importante como la esperanza se nos haya
robado, pero también de las causas que para cada ser humano tiene esto. Nosotros, los cristianos, somos poseedores de esta virtud
tan importante, pero no somos dueños, por lo que también se nos invita, fuertemente, a que, renovada, la sembremos en el
corazón de la gente y de los hermanos que nos rodean y, así, iluminemos el mundo.
Creo que para los cofrades en particular podría ser una buena sugerencia que en este Año Jubilar se organizaran charlas
y retiros con el fin de profundizar en lo que la Esperanza como virtud teologal significa. Sabéis que estamos llamados a ser
agentes de pastoral, anunciadores del Reino de Dios y, por tanto, sembradores de Fe, Esperanza y Caridad. La Cuaresma,
en la que, a partir del miércoles día cinco de marzo, con la imposición de la ceniza nos adentramos, puede ser también una
buena oportunidad para promover todo esto.
En realidad, queridos cofrades, la Cuaresma, en sí misma es un camino de esperanza. Así lo afirmaba el Papa Fran-
cisco en la catequesis semanal del uno de marzo de 2017: “Podemos imaginar, dijo, al Señor resucitado, que nos llama a
salir de nuestras tinieblas, y a que nosotros nos encaminamos hacia Él, que es la Luz. Y la Cuaresma es un camino hacia
Jesús resucitado, es un tiempo de penitencia, incluso de mortificación, pero no es un fin en sí misma: el fin es hacernos
resurgir con Cristo, para renovar nuestra identidad bautismal; es decir, renacer de nuevo “desde arriba”, desde el amor
de Dios. Por eso la Cuaresma es, por su naturaleza, un tiempo de esperanza”.
Al escribiros estas líneas deseo que verdaderamente sea así para todos vosotros: que entréis por las sendas que
este Año Jubilar nos marca y renovéis esta virtud, de tal manera, que alegre vuestro corazón en particular, y, por medio
vuestro, el trabajo de cada una de vuestras hermandades y cofradías, pero también la de la vida de vuestras familias, y la
de tantas personas que, por distintas razones, han entrado en un bucle fatal de desesperanza. Por eso os pido también,
que estéis atentos a los demás hermanos como el mismo Jesús lo está, conmovido por tantas desgracias, pidiéndoos
que seáis sus ojos y, sobre todo, con un corazón como el suyo, sus manos y sus pies, que actúen con prontitud ante las
necesidades del prójimo.
En el tiempo que llevo como delegado de Hermandades y Cofradías, he podido reunirme con un gran número de
Cabildos y Juntas de Gobierno. Deseo continuar con esta tarea, pues creo que es la mejor manera de acompañaros y crecer
juntos, para de ese modo cumplir con el cometido al que nuestro Obispo, en nombre de nuestro Señor Jesucristo nos llama:
servir al pueblo de Dios con la caridad que urge en Cristo Jesús.
Os animo a vivir una Cuaresma y una Semana Santa intensa, con hondura espiritual, para que, al llegar la Pascua, tiem-
po de la Resurrección, al dejar vuestros tronos, túnicas y capuces, o vuestros instrumentos musicales, lo que hayáis vivido os sirva
para fortalecer la Fe, vivir con una Caridad ardiente y desear sembrar la Esperanza en la que Cristo nos sumerge. 17

