Page 186 - Rosario Corinto 09
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Al viernes siguiente, como hermano y cofrade de nuevo ingreso, acudí a la imposición de
medallas de la cofradía con el resto de mis hermanos. Se vivió una tarde muy especial. A nivel
personal tengo que agradecer a Antonio José, presidente de la Caridad, su trato tan cercano y la
impronta de “hacer” cofradía.
Y llegó el día de la procesión. Un día repleto de emociones; tanto positivas como negativas.
Sensaciones de un cofrade Las previsiones meteorológicas previstas la semana anterior se hicieron manifiesto. La jornada se
presentaba con amenazas climatológicas. Todo apuntaba que la lluvia iba a hacerse presente.
corinto de la Paciencia. El camino de ida a la cofradía –de Alhama de Murcia a Santa Catalina-, junto con Chema,
recuerdo que cada minuto que pasaba cambiábamos de opinión.
Jesús Provencio Rodríguez Observábamos el cielo esperanzados que se hiciera presente una ventisca capaz de desplazar
las nubes amenazantes de lluvia.
Poco se podía hacer. Se quedó una tarde repleta de lluvia, pero no por ello fue una tarde
incompleta. Dentro del templo se hizo más hermandad si cabe. Las marchas de la banda de mú-
sica que nos acompañaron me hizo despertar sentimientos que, debido a esta pandemia, estaban
adormecidos.
Sin duda alguna, me quedo con todo lo vivido y con la gente que nos prestó su compañía.
ra una mañana de domingo del mes de mayo, me acuerdo perfectamente. Fue el día Esperanzado que el próximo año la climatología nos permita procesionar y la situación de
que Pepe Manzano contactó conmigo para comentarme el proyecto y preguntarme si pandemia que nos azota haya erradicado por completo para que nuestro Cristo de la Paciencia
Eestaba dispuesto a unirme a la plantilla de estantes... Cuando me lo comentó no dudé salga a las calles de Murcia manifestando y creando un río de devotos y Fe.
ni un segundo en decirle que contara conmigo. La sensación que me transmitió en esa llamada fue
ilusión y ganas de hacer algo grande; a la altura de lo que iba a erguirse como nueva hermandad y
de la que íbamos a formar parte.
Es cierto que estaba ante algo muy nuevo para mi. Yo no soy “murciano castizo”, pero
gracias a mi amigo Chema -o “compadre”, como yo le digo-, me puso al día de cuál es la forma
costumbrista de procesionar en Murcia. La ilusión por ello fue algo que creció rápidamente.
Me hacía ilusión salir en la procesión por dos razones: la primera de ella es que el surgir de
una cofradía siempre es grato a los ojos de la Fe y el ámbito espiritual.
Pero algo quedaba, en mi, incompleto. Sentía que debía dar un paso más allá. Fue entonces
cuando una tarde fui a la iglesia de Santa Catalina. Allí tuve un íntimo encuentro con Él, con el
Cristo de la Paciencia. Su mirada, su rostro, su postura, sus manos maniatadas, su corona… el que
pudo ser coronado de oro, pero, en cambio, se rebajó y se coronó de espinas para demostrarnos
que el amor puede ser llevado a la plenitud máxima por medio de Él.
Mi sorpresa llegó cuando en aquel encuentro pude palpar la cantidad de devotos que tiene
la imagen.
No olvidaré nunca un detalle: cuando estaba delante del Cristo, pasaron dos mujeres y se
dijo una a la otra; “Mira, otro que viene a rezarle al Señor”, ese comentario me hizo ser consciente
de que lo que suponía cargar la imagen del Señor de la Paciencia. No era un “cualquiera’’ ni una
más.
Pasaron unos meses y llegó la fecha de la procesión. Días previos comencé a sentir nervios
por lo que suponía la salida procesional. Era algo nuevo.
Todos esos nervios se despejaron el domingo previo a la procesión. Los cabos de andas nos
citaron a una convivencia en la huerta murciana para repartir los puestos del paso. El ambiente
que se respiraba era especial. Al final del encuentro se produjo entre todos los hermanos cofrades
una tertulia que nunca olvidaré.
Varios compañeros contaban sus anécdotas nazarenas. Recuerdo que ya en aquel encuentro
se comentó que podía llover el día previsto de la procesión pero que, al tratarse de Murcia, era
bastante difícil.
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