Page 189 - Rosario Corinto 09
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¡Salud, Cristo de la Caridad!




 Juan Carlos Tárraga Gallardo










 na imagen, un símbolo, un trazo, una palabra. Jeroglífico de sentimientos en un tro-
 zo de papel, llenado con pinceles o pixeles. Prolifera toda la cartelería de la santa y
 Uatrasada semana de este año 2022, también inusual, también despegado. Se oyen los
 ensayos de las bandas en los anocheceres, los escaparates muestran los capirotes de cartón, manti-
 llas y peinetas, guantes, escudos, rasos y puntillas. También los caramelos se muestran exuberantes
 tras el cristal, como queriendo dar un poco más de dulzor a estas vísperas.
 Hace ya tres años estábamos en los días de pasión. Me retrotraigo a aquellos días de maleta,
 organizaciones de última hora, viajes, amigos, arte, ciudades, devoción, diversión y silencios. Y en
 esos menesteres aún se me figura más lejana este año mi semana santa, como si no existiera, como
 si no fuera a ser, con el miedo ya asumido de la cancelación, de la frustración, de otra primavera
 robada.
 Año maldito, de carteles que en la mayoría de casos se quedaron sin repartir ni poner en
 escaparates y comercios. El siguiente, sin imagen gráfica de una semana pasional vivida en el culto
 interno, al menos. Y dos quincenas santas de añoranzas, de revivir antiguos momentos de fe y
 devoción en el ordenador, en la televisión, en el recuerdo, en al alma herida…
 Ojalá este año mi cartel y el vuestro se publique en cada corazón, en cada ilusión, en cada
 deseo, se imprima y deje de ser un sueño, una idea y una quimera. Intentando pegar algunas de
 las piezas que el rompimiento y el dolor de este bienio maldito nos dejaron, suturando malos mo-
 mentos, encolando fragmentos de otros tiempos pasados, mientras el día dura más, como también
 el gris que no se resiste a irse.
 El cartel de mi Murcia querida, tierra hermana y madre adoptiva, es un impresionante com-
 pendio de la vida y de la muerte: el sepulcro donde iremos todos al final, aunque algunos se empe-
 ñen en ir antes de morir, el Dolor y la madre, intrínsecos iconos y sentimientos de todos nosotros y
 un puente hacia un nuevo horizonte, porque nuestro cada día es eso, un cruzar puentes, unas veces
 de piedra, otras de tablas, unos firmes, otros frágiles. Y siempre, la simbiosis de mi ciudad soñada,
 de los cielos azules y las noches estrelladas, que ya preludian el vendaval de flor y olor a huerta de
 una nueva primavera que se avecina.
 En la esperanza de un renovado sábado de pasión, con más pasión, hermandad y caridad
 que nunca, elevo mi plegaria a nuestro Cristo crucificado de Santa Catalina y a mi Virgen de Cor-
 tes, ochocientos años ya con nosotros, para que mis benditos hermanos y hermanas de esta ilustre
 y venerable cofradía llenen de tradición, esperanza y buen hacer estos días santos y todo el año
 restante, y el próximo, y el siguiente…










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