Page 148 - Rosario Corinto 11
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Estante distinguido

                                                                                      David Alpañez Serrano
                                                                            Estante del Cristo de la Caridad

    Aprincipios de noviembre de 2023, los cabos de andas del Cristo de la Caridad me
                           notificaron que había sido elegido estante distinguido del paso. Mi primera reacción
                           fue preguntarles si se lo habían pensado bien, que creía que yo no merecía tal dis-
           tinción y si todavía estaban a tiempo de nombrar a otro compañero. Me indicaron que ya estaba
           aprobado el nombramiento en Junta de Gobierno y que estaban convencidos de que la elección
           era la correcta. Me expusieron sus razones y, aunque a día de hoy sigo creyendo que no me corres-
           ponde, acato la designación con alegría y perplejidad a partes iguales.
                   Entiendo que una distinción se otorga por el compromiso y la dedicación, por el esfuerzo
           y la constancia, por el sacrificio y la entrega o por un gesto o acción de verdadera relevancia. Pero
           yo no cumplo con ninguna de estas premisas. Para mí no es ningún esfuerzo participar de cuan-
           to organiza el paso, no es en absoluto sacrificio colaborar con la cofradía, no hay dedicación ni
           constancia heroica, tan solo que me gusta hasta el trastorno la Semana Santa y que me encanta
           compartir con mis compañeros todos los raticos que me son posibles. No me pierdo una reunión,
           no digo nunca que no a echar una mano en la limpieza del trono, en bajar al Cristo, en preparar
           el altar de cultos, en compartir misas y oraciones a los pies de Nuestro Señor de la Caridad. Hay
           mucho de devoción y poco de obligación, a lo que se suma que tras el arduo trabajo siempre está
           la promesa de una cerveza con mis hermanos de trono.
                   Y es aquí donde está lo verdaderamente meritorio, lo verdaderamente distinguible: “la fa-
           milia nazarena”. Yo no merezco el nombramiento, la distinción tendría que ser otorgada a la her-
           mandad que sentimos todos los que conformamos la dotación del paso del Cristo. Una cuarentena
           de hombres y mujeres unidos por una misma pasión, a la sombra de un crucificado que tan solo
           cumple treinta años, pero que para nosotros es toda una historia. Es quien ha escuchado nuestras
           plegarias, a quien hemos buscado en los momentos difíciles, al que hemos presentado a los recién
           nacidos, a quien hemos pedido que acoja en su seno a nuestros seres queridos o el que ha obrado
           los milagros. Cada uno de nosotros tenemos nuestras vivencias.
                   Para mí no tiene importancia el nombramiento como estante distinguido, pero de lo que
           sí que estoy profundamente agradecido es de que me hayáis permitido formar parte de este gru-
           po, de que me hayáis hecho sentir parte fundamental de esta locura, de percibir vuestro respeto
           y cariño, de que podamos hablar de Semana Santa en julio, diciembre o mayo, de saber que el
           paso, la cofradía y la iglesia de Santa Catalina también son mi casa. Así que, aunque en este 2024

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