Page 153 - Rosario Corinto 11
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supuesto, la imaginería que el devenir de los tiempos fuese incorporando, habría de seguir los cá-
nones de la Pasión según Murcia, con ese toque huertano que la caracteriza. Así se dispuso, y así
se hizo, a la par que se escogió para el tergal de las túnicas el rojo corinto, por simbolizar este color
la virtud de la caridad.

       Pero todos preparativos, los esfuerzos y desvelos, corrían el riesgo de tropezar con la imposi-
bilidad de salir a la calle, en aquel 26 de marzo de 1994, en el que el cielo se mostraba caprichoso.
Por fortuna no fue así, porque no llovió.

       La salida procesional se había anunciado a las ocho y media de la tarde. Ya aguardaban a
esa hora en la plaza numerosas personas –entre ellas el escultor y su familia–, impacientes por
presenciar ese momento histórico y curiosas por descubrir cómo se había resuelto el problema de
atravesar un portón por el que el Cristo de la Caridad sobre su trono adornado con claveles blancos
y lirios, definitivamente no cabía.

       Lo descubrirían una hora después, ya que la salida se realizó con cierta pausa, para no inter-
ferir con el traslado Nuestro Padre Jesús de la Merced, en su camino hacia San Juan de Dios. La
ingeniosa solución, consistente en un mecanismo que permite que la cruz descienda, para volver a
ser alzada tan pronto se supera el angosto vano de Santa Catalina, fue muy comentado entre la ad-
miración y el aplauso general de todos, que se escuchó con fuerza mientras la agrupación musical
de Guadalupe hacía sonar la primera de las marchas pasionarias.

       Desde ese punto, el cortejo se adentró por el callejero que dibuja y mejor describe el relato
de nuestra propia identidad: Plaza de las Flores, San Pedro, Jara Carrillo, Martínez Tornel, Tomás
Maestre, Glorieta, Arenal, Belluga, Nicolás Salzillo, Plaza de la Cruz, Trapería, Santo Domingo,
Santa Clara, Ángel Guirao, Fernández Ardavín, Santa Gertrudis, Calderón de la Barca, José Esteve
Mora, San Bartolomé y Santa Catalina, atravesando la Gran Vía hasta llegar de nuevo a la iglesia
con la certeza de haber escrito uno de los pasajes más bonitos de nuestra Semana Santa.

       Había abierto procesión la banda de cornetas y tambores Nuestra Señora del Rosario, segui-
da por el bello estandarte diseñado por Miguel López, con el escudo que configuró Aurelio Roses
Martínez. Participaron 123 penitentes, mitad alumbrantes y mitad portando cruz; a los que se
sumaban un total de 62 estantes –28 cargando el paso–; 27 mayordomos; 2 tenebrarios; 6 mona-
guillos; y 20 niños, que anticipaban un futuro esperanzador.

       El próximo 23 de marzo, cuando se alcancen las treinta primeras cuentas del rosario proce-
sional corinto, más de 1.200 cofrades que veneran al Santísimo Cristo de la Caridad, acompañan a
Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos y al Santísimo Cristo de la Paciencia, darán
testimonio de que así ha sido. Y, estoy seguro de ello, se conjurarán para que la historia que en
ellos prosigue y comienza, pues todo es principio, continúe conmoviendo a Murcia, cuyo corazón
late en Santa Catalina.

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