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Decálogo del buen espectador
                                  de procesiones

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    Contemplar una procesión es
                           siempre un deleite para los cinco
                           sentidos. Ante nuestros ojos dis-
           currirá la más grande manifestación de cultura
           de todo el año. En ella se conjugará el valiosí-
           simo patrimonio escultórico y mueble de nues-
           tras cofradías, con el incomparable aroma del
           incienso, el azahar y la cera, reforzado por los
           acordes musicales de las bandas de música, que
           harán estremecer la piel mientras se saborea un
           sabroso caramelo regalado por un penitente del
           cortejo.
                   Este espectáculo, que prácticamente se
           ha mantenido inalterable con el paso de los si-
           glos, en ocasiones se puede ver empañado por
           elementos ajenos al cortejo, como pueden ser
           un fondo arquitectónico poco atractivo, una
           iluminación pésima o un nefasto comporta-
           miento de los espectadores de la misma. Y es
           que aunque las procesiones sean parte de la
           cultura popular no hay que olvidar que son un
           acto de fe y de penitencia, que no son desfiles de comparsas ni un pase de modelos. Quien acude
           a contemplar una procesión y se comporta como si la calle fuera el salón de su casa deja patente
           que se ha equivocado de lugar.
                   No es difícil toparse con quien vocifera al ver a algún conocido, o con alguien que cruza por
           en medio de las sillas o la banda, o quien interrumpe el curso normal de la procesión. Estas descui-
           dadas actitudes enturbian el preciosismo característico de los cortejos procesionales y son fruto de
           la mala educación. El mundo de la Semana Santa murciana ha descuidado muchos aspectos, entre
           ellos el de los espectadores. No es que las cofradías sean las responsables de estos hechos, sino que
           todos nosotros hemos propiciado esta situación.
                   Pero aún hay esperanza. Todavía podemos enseñarnos cómo debemos comportarnos ante
           un cortejo procesional. La comunicación no verbal de los espectadores es también una parte muy
           importante en el conjunto de una procesión. Debemos hacer una revisión de nuestro comporta-
           miento hasta ahora, para buscar estos errores comunicativos y darle solución. Hacer más lustrosa

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