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gión de Murcia. El porqué en nuestra región se localizaron gran cantidad de decesos fue por algo
nuestro muy característico, la huerta. A pesar de que se creía que las condiciones de insalubridad
que tenían algunas zonas de la ciudad eran las causantes del aumento de casos, lo cierto es que la
humedad era un elemento muy importante para el desarrollo de la enfermedad. Las huertas de
1885-2021: rogativas al Cristo de la Valencia y Murcia ayudaron a la expansión de la epidemia, por el continuo encharcamiento que
existía . Las invasiones (afectados) aumentaban después de un día húmedo o borrascoso, por lo
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Paciencia en tiempos de epidemia. que la población que vivía en casas húmedas tenía más riesgo de contraer la enfermedad, daba igual
el estamento social.
Además, se daba la circunstancia de que la ubicación geográfica de la capital era idónea para
el desarrollo de la enfermedad, ya que el río Segura iba regando sucesivas huertas desde Almadenes
María Dolores Piñera Ayala hasta la Contraparada. A dichas aguas, había que añadir el estancamiento que se producía en algu-
Doctora por la Universidad de Murcia nos puntos y la costumbre habitual de los habitantes de la vega de arrojar toda clase de desperdicios
al río. La ciudad se ubicaba en el centro del vergel, y el río Segura dividía la ciudad en dos partes
desiguales, la principal, en la margen izquierda, encontraban los edificios más significativos y el
centro comercial, en el margen derecho estaba el partido de San Benito. La calles eran anchas y em-
pedradas, las plazas, abundantes y había plantaciones de naranjos. Las casas tenían en su mayoría
dos pisos, y alguna tenía tres y hasta cuatro alturas. El agua se acumulaba en pozos o tinajas, y sólo
alguna podía decir que el agua de su pozo era potable, consumiendo entonces el agua del río, que
s frecuente encontrar acontecimientos y/o catástrofes que han acontecido en la His- distaba mucho de ser adecuada para el consumo. Algunas de las viviendas eran señoriales, como
toria Contemporánea que han propiciado la necesidad de acudir a iglesias y realizar
Erogativas para pedir ayuda divina. Inundaciones, terremotos, epidemias... fenómenos las del Conde de Floridablanca, o las de la calle de San Nicolás. Así mismo, se alzaba la Catedral y
de la naturaleza que en ocasiones han sido atribuidas a un “castigo divino”. once iglesias parroquiales, ocho conventos, colegios, posadas...
En la actualidad, estamos sufriendo una pandemia que, debido a la globalización y a la Y es en este contexto cuando vuelve a aparecer una epidemia que se creía superada, ya que
velocidad de los medios de transporte, está afectando al mundo entero, pero no es la primera vez el cólera había azotado a sus habitantes en 1834.
que estas circunstancias ocurren. Ese año, 1885, comenzó con la ayuda que la región proporcionó a la vecina provincia de
Hay que remontarse al siglo V a.C. donde la tuberculosis se describía como la más brutal de Granada por el terremoto que había tenido lugar el 25 de diciembre de 1884. La Semana Santa
las enfermedades. En el 120 a.C. surgió la influenza de Babilonia, y la plaga de Atenas (conocida transcurrió con normalidad, pero unas semanas después, el temido cólera volvió a aparecer, a fina-
también como la Peste de Egina, descrita en la Metamorfosis de Ovidio). En el 105 d.C. se habla les de esa primavera.
de la peste Antonina, que se extendió por todo el imperio romano, de ella murió el emperador No estaba Murcia preparada para tanta desgracia, la riada de Santa Teresa, que tuvo lugar en
Marco Aurelio. En 262 d.C. se habla de la peste Ciprinana. Se trata de unos años donde se está octubre de 1879, las epidemias de cólera que azotaron a la población, en 1834 y en 1855...todavía
consolidando el cristianismo y se comienza a atribuir las enfermedades al demonio, comenzando se estaba intentando recuperar la normalidad. En este contexto, el pueblo precisaba de consuelo, y
entonces los exorcismos. por ello, acudía a buscarlo a las iglesias.
En la Edad Media, la peste negra asoló Asia y Europa, coincidiendo, según los historiadores, Ya en el brote de los años treinta, se celebraron funciones y procesiones de rogativas. Los
con la viruela, el cólera y la difteria. Aunque la peste negra tuvo un segundo brote, que duró casi mantos de la Virgen del Carmen, de la Fuensanta, y de los Remedios, fueron colocados en las to-
cuatro siglos: el Decamerón de Bocaccio cuenta la historia de los supervivientes en Florencia . Y rres de sus respectivos templos. Las imágenes de mayor tradición devocional se sacaron a las calles,
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como en todas las catástrofes, se comenzaron a realizar prácticas religiosas y procesiones de flage- como Jesús Nazareno (costumbre que también tuvo otras localidades, como Jaén), la Fuensanta,
lantes, anticipo de nuestros cortejos procesionales. San Roque o San Antonio. Sobre todo, abundaron las novenas a San Caralampio, protector fren-
La necesidad de huir de entornos donde las condiciones de salubridad eran deficientes te a las pestes y contagios. Los religiosos pronto se pusieron a disposición del pueblo, abriendo
provocó cambios urbanísticos, trasladándose la población a las ciudades, pero esto sólo contribuyó hospitales y camas de asistencia, lo que supuso el fallecimiento de los presbíteros adscritos a las
parroquias de San Juan, Catedral, San Nicolás, San Pedro y Santa Eulalia, además de poner su
a aumentar los problemas de insalubridad. La calles carecían de alcantarillado y las edificaciones vida en peligro ya que la población, hambrienta y desesperada, se amotinaba contra el clero y los
eran simples habitaciones donde en algunos casos convivían familias enteras. En el siglo XV, con religiosos, culpándolos de “haber envenenado las aguas porque querían acabar con los liberales” .
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la conquista de América, los europeos llevaron a América enfermedades que diezmaron a la pobla-
ción indígena (difteria, paperas, viruela...). La situación en 1885 no fue distinta. La población comenzó a diezmarse y el miedo se
Ese mismo siglo, se documentó la aparición del cólera en la India, inicio de una gran epide- instauró en las calles. Los negocios comenzaron a cerrar, las casas de empeño cesaron en sus activi-
mia que se extendió hasta el siglo XIX. La enfermedad llegó a España en el primer tercio del siglo dades, pocos trabajadores de atrevían a continuar con sus negocios, a excepción de los Zabalburu
y D. Mariano Girada, que continuaban con sus obras. Comenzó una suscripción popular en el
XIX, afectando a Murcia en los primeros treinta años. A pesar de los fallecidos en aquel momento, Ayuntamiento destinada a ayudar a los más necesitados. También se inauguraron cocinas para
el cólera volvió a aparecer a finales de dicho siglo, alcanzando su máxima virulencia en 1885. distribuir raciones entre los más pobres. El miedo al contagio se hizo más presente que nunca.
La epidemia llegó a Valencia, en concreto a Novelda en 1884 y de ahí se extendió a la Re-
2 Teixidor i Sunyol, J. (2011). “Una epidemia de cólera en 1885”. Gimbernat, 56, 195-245.
1 Galeana, P. (2020). “Las epidemias a lo largo de la Historia”. UNAM. Revistas IPGH. 3 Ayala Pérez, J. (1975). “Aspectos sociales de la epidemia del cólera en 1834 en Murcia”. Murgetana. Nº 40.
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