Page 176 - Rosario Corinto 09
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presidente toda la documentación necesaria para trasladarla a Junta de Gobierno para su aproba-
                        ción. En menos de un mes, pasamos de ser unos simples cofrades corintos, a ser los fundadores y
                        cabos de andas del Santísimo Cristo de la Paciencia y su recuperada Hermandad.
                             Desde ese abril, todo ha sido trabajo por y para crear una hermandad digna de tan signifi-
                        cante escultura. Las llamadas telefónicas a todos los estantes, que queríamos que formaran la do-
                        tación, para luego reunirnos con ellos, siempre por grupos, para respetar las normativas Covid. El
                        mismo proceso para la confección de las filas de alumbrantes, hasta conseguir un cortejo con más
                        de cincuenta penitentes; trabajo casi imposible para una hermandad de Gloria, pero estos jóvenes
                        testarudos parece ser que lo que se proponen, lo consiguen.
                             Ya entrados en noviembre, ese trabajo se intensificó hasta el día de la procesión. No fue una
                        semana fácil ni mucho menos. Idas y venidas para que todo detalle quedase a la perfección y así
                        fue, salvo uno. Había algo que no estaba en nuestras manos ni en la de ningún mortal. Ya saben
                        lo que pasa en Murcia. Se mueve un paso y llueve. Así fue. Dos semanas antes de la procesión
                        empezaron los avisos de lluvia y estos no cesaron. Ya se pueden imaginar y acordar, procesión
                        suspendida.
                             Eran las seis de la tarde del veinte de noviembre. El trono con toda su cera encendida. Al
                        frente, un gentío de cofrades, hermanos, amigos y espectadores que no cabía un alma. A la trasera
                        del paso, la AM Cristo de las Aguas interpretando marchas pasionarias. Empezó a sonar “Ca-
                        minando van por tientos en la madrugá”, una debilidad para mis entrañas. En el momento que
                        empezó la palillería, sabía que venía esa marcha y me tuve que salir del templo a coger aire, no era
                        capaz ni de mantener el equilibrio.
                             Y entré.
                             Y abracé a Álvaro.
                             Y el Señor me miró de tú a tú, como si de esta Tierra fuera.
                             Y me dijo: “Paciencia. Que sean trescientos uno”
                                                                                 “…y es Paciencia y es destino.”
                             Quiero dejar por escrito mi agradecimiento, en general, a la Cofradía del Santísimo Cristo
                        de la Caridad y, en especial, a Antonio José García Romero, Mayordomo Presidente; a Javier So-
                        riano González, Comisario de Procesión; a José Antonio Lucas López, Comisario de Patrimonio;
                        a mis estantes, por su gran labor; a la hermandad, por su compromiso y a mi familia, pilar funda-
                        mental donde apoyarme.





































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