Page 174 - Rosario Corinto 09
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“Es paciencia y
                                                                                                                                                                                                es destino”.



                                                                                                                                                                                                    José Manzano Nicolás
                                                                                                                                                                  Promotor Refundación Antigua Hermandad de Animas del
                                                                                                                                                                                               Stmo Cristo de la Paciencia.
                                                                                                                                                                            Cabo de Andas del Stmo. Cristo de la Paciencia.





                                                                                                                                            “Es el Dios de tantas cosas que ya no se si decirlo…”
                                                                                                                                                  odo fue tan rápido, tan mecánico y solo pensando en el trabajo que teníamos por
                                                                                                                                                  delante, que tuvieron que pasar más de seis meses y llegar hasta la Exaltación al San-
                                                                                                                                            Ttísimo la Cristo de la Paciencia para darme cuenta de lo que habíamos levantado 300
                                                                                                                                      años después dos jóvenes apasionados por este mundo y en el que prácticamente nos hemos hecho
                                                                                                                                      el uno al otro en esta esfera nazarena.
                                                                                                                                            ¿De dónde nos viene esta bendita locura? A Álvaro de su abuelo, Francisco Flores, pero
                                                                                                                                      tanta inquietud ha sido creada por él mismo. Y a mí, ¿de dónde me viene? Quizás sea porque la
                                                                                                                                      mayoría de las procesiones pasan por la puerta de mi casa y eso jugaría en mi favor.
                                                                                                                                            Y, Álvaro y yo, ¿de dónde viene esta fraternidad? Aquí, sin duda, viene el primer reflejo del
                                                                                                                                      título de este artículo. Álvaro y yo empezamos nuestra amistad hace veintitrés años, cuando apenas
                                                                                                                                      teníamos dos. Empezamos juntos el preescolar y, desde ahí, es una historia que se escribe hasta es-
                                                                                                                                      tos días. Desde pequeños ya pintábamos crucificados, tarareábamos marchas, “cargábamos pasos”
                                                                                                                                      e, incluso, nuestras madres nos sacaban de clase para ir a ver como entronizaban a nuestro Cristo
                                                                                                                                      de la Esperanza todos los Viernes de Dolores por la mañana.
                                                                                                                                            Es quizás por eso que, cuando nos preguntan si no nos cansamos el uno del otro, nosotros
                                                                                                                                      respondemos que, si no nos aguantamos entre nosotros esta bendita pasión, quién nos la va a
                                                                                                                                      aguantar.
                                                                                                                                            Al Señor de la Paciencia siempre le he tenido especial cariño. Ese Cristo siempre ha levanta-
                                                                                                                                      do curiosidad en mí, pues, pese a sus dimensiones, más pequeñas de lo habitual, tiene la capacidad
                                                                                                                                      de soportar el título de “Señor de Santa Catalina”. Este título no lo he inventado ni impuesto yo,
                                                                                                                                      sino su goteo constante de fieles que vienen todos los días a rezar esa oración que hay a sus pies des-
                                                                                                                                      de que Nicolás Salzillo la tallara hace 300 años. Y cuando digo goteo es porque no quiero parecer
                                                                                                                                      exagerado, pero es impresionante la cantidad de personas que pasan todos los días para arrodillarse,
                                                                                                                                      santiguarse o rezar un Padrenuestro a sus plantas.
                                                                                                                                            “…pero es el Dios de siempre…”
                                                                                                                                            Apenas hace unos tres años tuve la suerte de coincidir en un evento con Antonio José García
                                                                                                                                      Romero, nuestro Presidente. Por aquel entonces no teníamos la tan bonita relación que nos une
                                                                                                                                      actualmente, pero yo ya tenía en mente que el Señor de la Paciencia necesitaba pisar las calles de
                                                                                                                                      Murcia, pues no estaba justificado que esa talla no tuviera su propia procesión. En ese evento, se
                                                                                                                                      quedó la idea de sacar al Señor a las calles, pero no cayó en saco roto.
                                                                                                                                            En abril de 2021, en plena pandemia, y aquí viene otro reflejo del título, coincidimos An-
                                                                                                                                      tonio, Álvaro y yo. Volvió a salir el Señor de la Paciencia y, veinticuatro horas después, ya tenía el







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