Page 25 - Rosario Corinto 09
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ESTEBAN DÍAZ MERCHÁN

               Sacerdote

               Caminar juntos, sinodalidad en nuestra cofradía


                               abrá algo más característico y necesario en una Cofradía de Semana Santa,
                               procesionando por nuestras calles para mostrar los acontecimientos de nues-
                     ¿Htra salvación en Jesucristo, que “caminar juntos” a buen ritmo acompasado?
               En esos momentos, plenos de olor a incienso, murmullo de ciudad orante y grandes ojos de fe,
               comprobaremos cómo cada miembro cofrade respira para los demás, poniendo sus cualidades, sus
               tiempos, sus latidos para bien de lo celebrado, que es una auténtica catequesis de fe, una propuesta
               en libertad para nuestros convecinos de todo credo.
                     ¿Qué es la “sinodalidad” de la Iglesia? ¿Afecta la sinodalidad de la Iglesia a nuestro mun-
               do cofrade? La imagen previa nos puede ayudar a rastrear la motivación que el Papa Francisco
               persigue al convocar en toda la Iglesia Católica el presente SÍNODO 2021-2023. Quiere que no
               olvidemos que siempre “caminamos juntos”. El Papa nos ofrece a cada uno, desde nuestras respon-
               sabilidades de la propia vocación bautismal, dialogar, escucharnos, y así tomar las decisiones más
               acertadas en este tiempo que nos toca vivir.
                     Los términos “sínodo”, “sinodalidad” provienen de 2 palabras griegas unidas que significan:
               “caminar” “con”, caminar juntos. Es un término “viejo”, pues está recogido en la Sagrada Escritura
               (Hch 9,2; 19,9.23; 22,4; 24,14.22) y a la vez “nuevo”, pues se utiliza cada vez más en la Iglesia para
               sensibilizar sobre la urgencia de este caminar juntos por el Camino que es Jesús («Yo soy el Camino
               y la Verdad y la Vida» Jn 14,6).
                     El Papa es quien convoca. La Iglesia, a través del ministerio del Papa, quiere seguir haciendo
               camino con todos y desea acertar al tomar decisiones que nos afectan a todos los creyentes y en
               consecuencia afectan también a la humanidad. Él necesita conocer la opinión y la voz de todos. El
               primer paso es estar abiertos a la acción del Espíritu Santo con nuestra oración confiada.
                     Es un tema decisivo para la vida y misión de la Iglesia. El Romano Pontífice asegura que es
               urgente, pues “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer mi-
               lenio”. Está en conexión directa con la puesta al día (“aggiornamento”) que la Iglesia reactivó en el
               Concilio Vaticano II (1962-5). En aquellos años de Beatles y triunfos del Madrí, en nuestra familia
               de fe se estaban expresando ideas tan importantes como: «Fue voluntad de Dios el santificar y sal-
               var a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo
               un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente» (Lumen Gentium 9). En aquella
               magna asamblea sesentera se nos recordó algo básico: que los miembros del Pueblo de Dios están
               unidos por el Bautismo y «aun cuando algunos, por voluntad de Cristo, han sido constituidos doc-
               tores, dispensadores de los misterios y pastores para los demás, existe una auténtica igualdad entre
               todos en cuanto a la dignidad y a la acción común a todos los Fieles en orden a la edificación del
               Cuerpo de Cristo» (Lumen Gentium 32). Es decir que no podemos dejar solos a nuestros pastores,
               el Papa y los obispos, los párrocos, los presidentes de instituciones de orden religioso en su labor
               de gobernar. Quienes dirigen y rigen necesitan indispensablemente la opinión de todo el pueblo
               gobernado, pues “caminamos juntos” en la Iglesia. Si las decisiones afectan a todos, también los
               elementos previos necesarios para poder discernir tienen que estar preparados por todos. De ahí la
               necesidad de este camino sinodal durante los años 2021 al 2023. Proceso que debe continuar en
               adelante, sin fecha de caducidad.
                     Todos los bautizados, al participar de la función sacerdotal, profética y real de Cristo so-
               mos sujetos activos de evangelización, tanto como personas individuales como formando parte
               integral del Pueblo de Dios. A todos nos toca arrimar el hombro para dar a conocer a nuestros
               contemporáneos que Jesucristo es Salvador. Esto es Evangelizar. Si nosotros, individualmente y








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