Page 29 - Rosario Corinto 09
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gozo de que formamos parte de una gran familia, donde todos los miembros son importantes,
también nosotros, hermanos cofrades.
Lo importante no es tener este cargo o aquél dentro de la Cofradía. No se trata de destacar
como estante o celador o mayordomo o penitente o miembro de la junta de gobierno, etc. Cada
uno es importante en el lugar que ocupa, y sería triste y un tanto ridículo desarrollar una tarea
distinta a la que estamos preparados y llamados a vivir. En la Iglesia, nuestra gran familia en la fe,
no es necesario que todos hagamos lo mismo o lo más relevante, sino que, sea lo que sea lo que
realizamos, estemos al servicio de esta gran familia que es también Cuerpo de Cristo. Todos al
servicio de todos, penitentes, damas alumbrantes, presidente, secretario, vicepresidente, tesorero,
comisarios, celadores, cabos de andas, ayudantes, estantes, mayordomos, etc… todos.
Hace años viví y trabajé gustosamente en una pequeña gran ciudad del sur de nuestra queri-
da España. Me enviaron a finales de agosto. Tórrido sol, calor luminoso de chicharras metiéndose
por los resquicios húmedos y oscuros del edificio donde mi ministerio me hacía recalar. Muy
cerca sonaban las campanas de la preciosa catedral, sede diocesana. Cuatro en punto de la tarde
golpeaban los mazos. Nadie por las calles. Y en el pesado silencio, de repente unos gritos serenos
y contundentes. Entreabro la ventana al sol de la ciudad y compruebo desde el primer piso abajo
en el ardiente asfalto, el caminar lento, en medio de la soledad veraniega, de tres jovencillos, de
aproximadamente doce años. Dos de ellos portaban una caja de fruta volteada, a modo de “paso
procesional”, soportando en dudoso equilibrio lo que parecía una pequeña imagen mariana. Paso
lento y mirada al frente, confiados en su capataz, otro imberbe que, con las manos en la espalda
muy recta, les mirada fijamente. Caminó despacio hacia atrás y con el cuello enhiesto jaleó: “¡Al
cielo con ella!” … Nadie respondió en aquella siesta, quizás las chicharras. Pero aquellos chavales
años después portaban el trono principal de la ciudad. Habían soñado su ser cofrades durante años
también en tardes sofocantes como aquélla.
El sentir cofrade se mama y también nace de experiencias que se cuelan en el riego sanguí-
neo de la fe. Amigo cofrade, que esta oportunidad del SÍNODO 2021-2023 nos anime a caminar
acompasados, buscando juntos, cada uno desde su sitio, de la mano de Jesús y de María, el sendero
hasta dentro del cielo regalado.
¿Nos afecta la “sinodalidad” de la Iglesia Católica en nuestra Cofradía? Debe afectarnos,
pues somos miembros de la Iglesia con quien “caminamos juntos”.
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