Page 120 - Rosario Corinto 10
P. 120
tan digno, que yo postrado y derrotado en el suelo veo luz en mis abismos, siendo dueño de ese
amor que irradias de majestad vestido.
Mañana, Murcia te espera con inmensa algazara. Pues tendrás por techo el cielo y por suelo
una inmensa plegaria, para recibir al Dios de la Vida que a la muerte arrasa. Velones encendidos,
incienso inundando almas, pasiones que se clavan entre partituras y marchas. Belluga desangrán-
dose en la noche a golpes de campana, que tiene preparado la torre un vestido de gala, porque
quiere ser también esa cierva que busca corrientes de agua. Hermanos, recemos por las almas, que
va el Redentor por Murcia prometiendo Su Morada. Hoy estarás conmigo en el Paraíso, adelanta
en Santa Ana, “hágase en mí tu Palabra” responde uniforme la plaza.
Eres leño en mi jardín, mi alegría y mi tormento, mi último fin, el antídoto del miedo, la luz
de mi candil y el faro de mi puerto. Espérame Señor, no pases te ruego mirándome siempre desde
tu elevado asiento. Espérame Señor, antes de pasar, porque necesito tu mansedumbre para poder
saciar esta sed de amor y esta hambre de amar. Necesito tu dulzura inefable y tu elixir de pasión,
por eso de rodillas y a tus pies, heme aquí pidiéndote clemencia y rogándote compasión, pues no
se doblega mi orgullo ni me tiembla el corazón, por eso te pido de nuevo, ¡espérame Señor!, ten
paciencia conmigo y dame tu bendición, que si mil vidas tuviera, volvería implorándote perdón,
para volver a pedirte que me esperes, Redentor. Pero cómo te digo que me esperes si estás para
esperar humillado y atado por amor. Mírame, deshecho de ruegos y con este clamor que te pide
sosiego en la sinrazón y humildad en el dolor. Por eso esta noche te pido, ¡sé tú mi Paciencia, Señor!
120

