Page 80 - Rosario Corinto 10
P. 80
Hemos dicho que uno de los ingredientes para renovarse es la formación. Las “circunstan-
cias”, decía Ortega y Gasset, forman parte de mi “yo”. Y una de las circunstancias que deben pro-
longarse a lo largo de toda la vida es una buena formación. La renovación lleva consigo “adaptarse a
cada época y a cada ambiente de vida, a los objetivos que deseamos alcanzar, por ello debemos procurar
abrirnos, en la medida de lo posible, para descubrir las orientaciones de la sociedad moderna, reconocer
las necesidades más profundas, determinar las tareas concretas más importantes, los métodos que habrá
que adoptar, y así responder de manera adecuada a las esperanzas humanas”. (PDV 5.)
A nivel social, de la formación se deriva la renovación y, de ésta, el deseo de investigar y
producir. El hombre es el único ser que busca, interroga y trata de aclarar el porqué de todo lo que
le rodea. Una nación que no investiga y produce, está llamada a depender de otras, a “importar”
y, en definitiva, a endeudarse y empobrecerse. “Renovarse o desaparecer”. Nada más ilustrador que
este refrán popular: “Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”. De esta renovación depende
el futuro de cada persona y de la misma sociedad.
El ser humano está constituido por distintas dimensiones ensambladas entre sí: la física, la
afectivo-psicológica, la moral, la espiritual y la intelectual … Juntas forman una unidad integral.
Avanzar en unas y retroceder en otras crea monstruos y genera graves desequilibrios en la misma
convivencia. La justicia y la paz; o si preferimos, las injusticias y las guerras, la pobreza y la riqueza,
tienen un origen en el desequilibrio entre lo que significa renovación integral y universal. Se puede
ser rico y ser un explotador; ser un gran científico y causar estragos con sus inventos en toda la
humanidad; se puede habitar en la luna y tener que vivir debajo de un puente. La verdadera reno-
vación exige compartir el progreso y gozar de los beneficios de una sana evolución. “Un desarrollo
que no tiene en cuenta a los más débiles y desafortunados no es un verdadero desarrollo”. Papa
Francisco.
80

