Page 201 - Rosario Corinto 11
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el mes de octubre de 1897 “precios extraordinarios con 50 por ciento de baja”, lo que se traducía en féretros
para adultos que oscilaban entre las 35 pesetas de los más sencillos a las 350 de lo más “elegante y severo que
se conoce”. En cuanto al transporte, “servicio inmejorable propiedad de esta casa”, iba de las 5 pesetas del
coche de tercera tirado por un caballo, a las 15 del coche de primera con dos caballos.
Y para no perder comba en fechas tan propicias, otro comerciante de la plaza de Santa Catalina, pro-
pietario de una cerería, hacía saber “a las familias que acostumbran a poner cera en las iglesias y cementerio en
el Día de Difuntos”, que disponía de hachetas y blandones de cera de abejas al precio de 2,23 pesetas la libra.
Aquel primer Albarracín de la saga funeraria era Sánchez-Ossorio de segundo apellido, estuvo casado
con Elisa Viruete y tuvo seis hijos, el menor de los cuales, de nombre también Juan Jesús, le sucedió en el
negocio a su fallecimiento en el año 1916, quince más tarde que su esposa.
Era una familia piadosa, y queda como muestra curiosa de ello que en los inicios del siglo XX era el
funerario el encargado de mantener una de las cuatro capillas supervivientes del vía crucis de los Diegos o
Pasos de Santiago, y de adornarla cuando llegaba la festividad del patrón de España.
Juan Jesús Albarracín Viruete, casado con Juana López Ortín, fue el continuador de la empresa, y
quien trasladó la sede a la vecina plaza de las Flores. También de este matrimonio puede afirmarse la con-
dición devocional, pues eran por los años de 1929 los encargados de la imagen del Cristo de la Paciencia,
obra de Nicolás Salzillo que se venera aún en la iglesia de Santa Catalina, que contaba en aquellos tiempos
con la condición de parroquia, y a la que da culto y saca en procesión en el mes de noviembre, el dedicado
precisamente a los difuntos, nuestra Cofradía de la Caridad.
Juan Jesús Albarracín Viruete falleció en el mes de abril de 1961, y su esposa, Juana López Ortín, en
noviembre de 1966. De este modo, un tercer Juan Jesús pasó a primer plano en la empresa familiar, que se
había introducido ya en el ramo asegurador a través de la valenciana Seguros Finisterre, de la que fue delega-
do en Murcia hasta su fallecimiento en el año 1981.
Casado con Pepita López Quetglas, dejó paso a la cuarta y quinta generación al frente de la Funeraria
de Jesús, que son las que han llevado hasta nuestros días esta emblemática empresa, con 154 años de trayec-
toria a sus espaldas.
Mi abuela, Albarracín de segundo apellido y prima hermana del tercer Juan Jesús, me contaba que ella
jugaba al escondite con sus primas entre los ataúdes (vacíos) del negocio familiar. Y es que no hay nada como
la familiaridad para que ciertas cosas nos impongan un poco menos.
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