Page 37 - Rosario Corinto 11
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parroquia del Socorro. El Jueves Santo se celebraban los actos litúrgicos y a la medianoche se pro-
cedía a la procesión del Silencio. El Viernes Santo comenzaba con la ceremonia del Encuentro y
posterior procesión a las 5 de la madrugada, para preparar todo para el Sermón de las Siete Palabras
al mediodía, mientras al anochecer tenía lugar la procesión del Santo Entierro, presidida por las
autoridades municipales y numerosas mujeres vestidas de mantilla. Cerraban la participación de
las cofradías en Semana Santa las Cortesías al Santísimo Sacramento y posterior procesión en la
“Mañanica de Pascua”.
La llegada del Santísimo Cristo de la Agonía (Talleres de Olot, 1948) hizo que se utilizara
este en la representación del Sermón de las Siete Palabras, pues se adaptaba mejor que el Cristo
de la Buena Muerte al estar yerto. Sin embargo, esta representación no se prolongó mucho en el
tiempo, pues se suprimió este acto en 1955.
La década de 1960 comenzó con un notable repunte tras el fin de “El Monte”, con la llegada
de una nueva imagen de la Soledad (Rausell Montaña y Llorens Ferrer, 1958), hasta ese momento,
la misma imagen hacía las veces de Dolorosa y Soledad. Aparece en esta época una nueva procesión
la tarde del Domingo de Ramos, la procesión de las Mantillas; y se crea la centuria romana vincu-
lada a la Hermandad de la Oración en el Huerto.
Sin embargo, con el fin de la década también finalizaron estas novedades. La archicofradía
del Santísimo Cristo de la Buena Muerte propuso a la Hermandad de María al pie de la Cruz ha-
cerse cargo de sus imágenes, debido a la falta de cofrades y de ingresos que dificultaban su salida
a la calle. Además, esta cubrió la necesidad de la imagen de un Cristo Resucitado (Talleres El Arte
Religioso de Olot, 1969) al dejar de salir el Santísimo Sacramento en 1970.
El declive de los años 70, que también trajo consigo la desaparición de “los colaseros”, no
paralizó el esfuerzo de las cofradías y hermandades de Aspe y en esos años llegaron las imágenes
de Santa María Magdalena (Miguel Sales, 1973); la Virgen de la Soledad (Miguel Sales, 1973),
que salía en el Vía Crucis del Sábado Santo; el Santo Traslado del cuerpo de Jesús al Sepulcro (Gil
Andrés, 1972); y San Pedro (Gil Andrés, 1972).
Los años de crisis de la Semana Santa acabaron con la pérdida de su edificio más represen-
tativo: la ermita de la Concepción, que durante décadas había dado cobijo a las imágenes y pasos,
donde eran montados y desmontados, y desde donde salían varias procesiones. En 1980 fue ven-
dido a un particular por el párroco, acabando así su relación con la Semana Santa.
El resurgir de la Semana Santa
En 1979 se crea la Junta Mayor de Cofradías y Hermandades, y pese a las complicaciones las
cofradías se mantuvieron y trataron de mejorar en todo lo posible. Es por ello que se recupera uno
de los pasos destruidos en 1936, el conjunto escultórico de Jesús y la Samaritana (Sánchez Lozano,
1980). El regreso del Santísimo Sacramento en la procesión de la “Mañanica de Pascua”, determinó
que la imagen de Cristo Resucitado dejara de participar en la Semana Santa, argumentando que no
había cabida para ella en dicha procesión.
La Hermandad de María al pie de la Cruz, afectada por este hecho, hizo que se desvinculara
de la Archicofradía del Santísimo Cristo de la Buena Muerte, que pasaría a refundarse; viendo
mermada su participación en las procesiones de Semana Santa. Así, llegó el conjunto de la Caída
de Jesús (Talleres El Arte Cristiano de Olot, 1984) y poco después se encarga la imagen de Nuestro
Padre Jesús Cautivo (García Quinto, 1988). Al año siguiente, adquiere la cofradía de la Verónica
el paso de las Santas Mujeres Piadosas (García Quinto, 1989).
Es en la década de 1990 cuando comienza un resurgir de las cofradías, aumentando consi-
derablemente el número de cofrades, y apareciendo las hermandades de Nuestro Padre Jesús del
Ecce Homo y María Santísima del Amor y la Misericordia (1995); cuyas imágenes titulares perte-
necerían al escultor albateresense Valentín García Quinto; y la hermandad de la Guardia Pretoria-
na, participando como los desaparecidos “colaseros”, e incorporando el paso de Madre Desolada,
uniendo en un mismo trono la imagen del Cristo de la Agonía de la ermita de la Santa Cruz y la
Virgen de los Dolores de la parroquia Nuestra. Señora del Socorro.
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