Page 44 - Rosario Corinto 11
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gimiento, de austeridad y de oración.
Nuestra forma de compartir, de ser hermanos de los que no se ven, ser voz de aquellos que
por las circunstancias de la vida no la tienen o simplemente no interesan, nuestro compartir en el
ejercicio de la caridad, con una creciente participación de nuestros hermanos, que son testigos de
un viaje fructífero.
La fe, religiosa y personal, no solo brinda consuelo en tiempos de adversidad, sino que tam-
bién establece un marco ético que guía la conducta humana. La idea de un poder superior o una
fuerza, da forma a la percepción del individuo sobre su lugar en el universo y su conexión con otros
seres humanos. Dicen que la Fe mueve montañas, y algo de eso es cierto, Y la prueba palpable la
tenemos precisamente, en esta Cofradía, que se mueve a golpes de latido de corazón, que camina
despacio, serena, con paso firme y con paso en oración, como si al arrastrar esas sandalias francis-
canas se emitiera un Padre Nuestro infinito que se eleva hasta el corazón y se esparce en quienes
nos ven al paso.
La fe humana, arraigada en la necesidad de trascendencia y significado, es un componente
esencial de la condición humana. Ya sea en el contexto de la religión, la confianza en uno mismo
o las relaciones interpersonales, la fe impulsa la búsqueda de respuestas a preguntas fundamentales
y ofrece consuelo en medio de la incertidumbre. En un mundo diverso y complejo, la fe sigue
siendo un faro que guía a las personas en su viaje a través de la vida, recordándonos que, aunque
no siempre podamos ver el camino por delante, la fe nos da el coraje de avanzar.
La Cofradía se encontró con obstáculos logísticos, desafíos internos y, en ocasiones, la in-
comprendida resistencia de aquellos que no compartían su visión. Sin embargo, estos desafíos
se revelaron como pruebas cruciales que fortalecieron la resiliencia del grupo, fomentando una
cohesión más profunda y un compromiso renovado con su causa. La devoción persistente de
sus miembros no solo ha mantenido sus tradiciones, sino que ha evolucionado para satisfacer las
necesidades cambiantes de la sociedad moderna. Se ha convertido en un catalizador de cambio
positivo, extendiendo su influencia más allá de las paredes de la iglesia y abrazando la diversidad
de la comunidad que atiende.
El crecimiento sostenido de la participación comunitaria y la consolidación de la Cofradía
como una fuerza positiva, son testimonios palpables de un viaje que ha sido, a pesar de los desa-
fíos, profundamente gratificante. Hemos visto crecer nuestras ilusiones, hemos visto venir a tantas
personas con el deseo de salir en oración, de estar en nuestras celebraciones, intimas, tranquilas,
sensibles al devenir humano. Hemos sentido como algunos no han conseguido entender y se han
echado a un lado, y como a través de nuestra fe y nuestra religiosidad, diferente, han llegado de la
mano de San Francisco al Banquete Celestial cerca de nuestro Creador.
Su trayectoria ha sido un viaje de devoción inquebrantable, desafíos superados y triunfos
celebrados. Al mirar hacia el futuro, la Cofradía puede hacerlo con la confianza de haber dejado
un testimonio inquebrantable en la comunidad a la que ha servido con amor y compromiso. Que
estos veinticinco años sean el prólogo de una historia continua de Fe, esperanza y servicio, asegu-
rando que la Luz de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Fe continúe brillando en los corazones
de aquellos que la han visto como un faro en su viaje espiritual.
Con orgullo, y una emoción apenas contenida vengo a deciros YO SOY DE LA FE.
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