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La Virgen del Rosario
de las MM. Dominicas (I)
Alejandro Romero Cabrera
Historiador del Arte y
Vestidor de la Virgen del Rosario de Santa Ana
Nuestra querida Murcia sigue conservando tesoros que pasan muy desapercibidos
para la población general o que incluso son completamente desconocidos para
muchos. Sin embargo, los nazarenos de esta Cofradía del Cristo de la Caridad
están muy ligados, de forma casi inintencionada, a uno de ellos. Un tesoro escondido a cuyos pies
cada noche del Sábado de Pasión depositáis vuestras flores, en una ceremonia que apenas conoce
la Murcia cofrade. Ese tesoro escondido es la bendita imagen de la Santísima Virgen del Rosario,
que las Madres Dominicas (popularmente conocidas como “las Anas”) veneran y cuidan desde
mediados del siglo XVIII en su Monasterio de Santa Ana.
No es, por tanto, baladí el hecho de que la segunda procesión de vuestra Cofradía sea
presidida por una imagen de la Virgen de la misma advocación, pero en sus Misterios Dolorosos,
imagen que fue bendecida en el Convento del “Tontódromo” y de quien son camareras honoríficas
dichas monjas.
Esa imagen de gloria de la Santísima Virgen del Rosario, la de las Anas, parece que a veces
quisiera asemejarse a la mítica Dolorosa de Jesús, de la que a veces se ha dicho que es una perla
escondida. La Virgen del Rosario también es una perla escondida, no está en un sitio de paso ha-
bitual, no arrastra masas y, además y por desgracia, no se encuentra en un espacio de culto diario,
como tantas otras imágenes sagradas que, continuamente reciben las visitas habituales de sus pa-
rroquianos y son testigos de la vida religiosa de tantas personas.
Pero la Virgen del Rosario siempre está ahí, en su maravilloso retablo renacentista y mimada
y cuidada como pocas.
La historiografía murciana ha tratado muy de soslayo a esta imagen aunque, como es usual
en estos casos de imaginería, siempre han aparecido las voces que la han atribuido a Salzillo1 o a
una peregrina procedencia napolitana. En la actualidad, el que escribe estas líneas lanzó hace unos
años la posibilidad de que fuera una talla realizada por el escultor murciano barroco Juan Porcel2,
al que muchos se empeñan en poner como discípulo de Salzillo, pero que fue simplemente un
contemporáneo que pronto marchó a trabajar a Madrid. La fecha en la que se concluyó el templo
de Santa Ana (1738) y la fecha en la que ya se menciona a la Virgen del Rosario en unos documen-
tos del archivo conventual (1740), recibiendo unas ofrendas argénteas, apoyan esta atribución en
una época en la que las MM. Dominicas se mostraban en contra de la participación de Francisco
1Como siempre ocurre cada vez que se trata de una imagen barroca de apariencia hermosa.
2Posibilidad que fue compartida por el restaurador e investigador Juan Antonio Fernández Labaña en un examen exhaustivo que le realizó a la imagen en
uno de sus cambios de indumentaria y con el beneplácito de las MM. Dominicas.
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