Page 120 - Rosario Corinto 7
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                                                                                  María Dolores Piñera Ayala
                                                                               Graduada en Historia del Arte

    Desde 1994, desfila por las calles de Murcia, la Muy Ilustre y Venerable Cofradía del
                             Santísimo Cristo de la Caridad, que junto con la Cofradía de la Fe y el traslado de
                             Nuestro Padre Jesús de la Merced, inundan las calles del Sábado de Pasión murcia-
           no de luz, recogimiento y devoción. Si bien no se trata de una cofradía centenaria, su buen hacer
           al desfilar, anima a contemplar año tras año tanto la salida como la entrada de su Titular. El gentío
           que se agolpa en la plaza de Santa Catalina es cada vez mayor y obliga a que todo el que quiera
           acercarse lo haga cada año un poco antes si no quiere perderse el momento en el que el Santísimo
           Cristo de la Caridad, cruza (prácticamente a ras de suelo) el dintel de la puerta de la iglesia. Todo
           ello, bajo la atenta mirada de la Inmaculada Concepción que preside la plaza.
                   Es posible que no sea casualidad que la imagen esté allí, quizás, existía la intuición de que
           en algún momento, la Caridad se iba a hacer presente en el lugar, al igual que los centros docentes
           que llevan el nombre de la advocación mariana y que están custodiados por las Hermanas de la
           Caridad. Una imagen que fue encargada a un gran imaginero murciano, Juan González Moreno,
           y que cuenta entre su producción escultórica, además, con obras civiles dispersas en las principales
           plazas de la capital.
                   El año de su encargo, 1953, coincide con la fecha en que los famosos baños árabes de Mur-
           cia desaparecieron para construir la Gran Vía. Aunque ya desde mucho antes habían sido destrui-
           dos edificios y monumentos históricos, en contra de las directrices políticas nacionales de aquellos
           años, en un afán de crear ciudades alegres, a través de proyectos urbanísticos que supusieran el fin del
           suburbio burgués, alejadas de las “colmenas humanas” que había surgido durante la industrialización
           (descripción extraída del discurso que dio el Gobernador Civil de la Provincia cuando tomó pose-
           sión como alcalde de Murcia Agustín Virgili, en 1939).
                   Como contaba el periódico Línea en septiembre de 1956, Murcia se había transformado
           en una ciudad nueva en apenas 20 años, con una gran avenida que cruzaba la ciudad de Norte a
           Sur, símbolo de una ciudad moderna, alejada de la imagen huertana que tenían sus gobernantes.
           Junto a esto, comenzaron a reformarse diferentes plazas de la ciudad y la Glorieta, Santa Catalina y
           Santa Isabel se convirtieron en referentes de plazas jóvenes de la ciudad y las tres, estaban presididas
           por obras que fueron realizadas por González Moreno. Éste artículo se va a centrar en el encargo
           que tuvo para la segunda, cometido que no fue arbitrario, y que coincidió con un acontecimiento
           importante para nuestra ciudad.
                   La idea de encargar la estatua de la Inmaculada surge a raíz de que el 8 de Septiembre
           de1953, el Papa Pío XII convoca el primer año mariano, con motivo del aniversario de la anuncio
           del Dogma de la Inmaculada Concepción. A partir de ese momento, en todas las diócesis de Espa-
           ña, comienzan a realizarse actos conmemorativos, conferencias, seminarios, peregrinaciones... en

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