Page 64 - Rosario Corinto 7
P. 64

trascendental escena del misterio de La Oración en el Huerto, que el propio escultor tallara en
           1996. Estas nuevas imágenes, además de completar la escena, obligan a una consiguiente rees-
           tructuración del paso, y dotará al conjunto de una identidad propia, alejándolo del modelo que el
           “genio murciano del XVIII” convirtió en icono.

                   Dentro de este periodo renovador, el primero de los tres pasos, cuyas esculturas han sido
           reemplazadas en su totalidad, es La Flagelación. La obra original databa de 1998, realizada por
           Manuel Ardil Pagán, una composición que no consiguió distanciarse, si no más bien lo contrario,
           de las influencias salzillescas. La Cofradía confió el encargo para las nuevas imágenes al escultor
           murciano José A. Hernández Navarro, el cual ejecuta una estudiada composición, dando a sus
           imágenes una personalidad propia, característica en toda su obra. El Cristo, azotado, con la mirada
           perdida en el suelo, se sostiene con su mano izquierda amarrada a un tronco de una altura superior
           a la de la propia figura, al que parece sujetar con su brazo para no dejar caer su cuerpo, exhausto,
           entregado ya a la propia fuerza de gravedad. Tras Él, completan la escena dos sayones. Uno de ellos
           en pie, con indumentaria propia de un soldado romano, sujeta un puñal con su mano diestra en
           actitud de cortar las ataduras que aún mantiene amarrado a Jesús al tronco. El otro, sentado sobre
           un taburete de madera, bebe alzando una jarra con el brazo derecho, y mantiene con la mano iz-
           quierda sobre sus piernas los leños con los que ha estado fustigando, inmisericorde, el costado de
           Cristo. No hay gestos forzados en las imágenes, y el dolor parece ausente. Esta lograda representa-
           ción sitúa la escena cuando el proceso de aquel severo castigo ya había finalizado.

                   A esta primera experiencia, exitosa, de renovación integral de las imágenes del paso de La
           Flagelación, le han seguido otras dos, aunque parece necesario apuntar, que la sustitución ico-
           nográfica en la Semana Santa de Murcia, aún en las cofradías que perviven desde los albores del
           XVII, no ha sido algo nuevo, sino más bien necesario. Por ejemplo, la Cofradía de Jesús, superada
           la renovación forzosa tras la riada de San Calixto de 1651, por la que debió reemplazar todo su
           perdido patrimonio, salvo la sagrada imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que se salvó mila-
           grosamente, es bien conocido que tuvo un amplio y profundo proceso renovador durante el siglo
           XVIII de todos sus misterios. Desde 1701 hasta 1777 cambió toda su iconografía, con excepción
           de la de imagen de su titular, entre aquellas, el conocido paso de la Mesa de los Apóstoles, de Nico-
           lás Salzillo. También, el propio Francisco Salzillo Alcaraz pudo ver como dos obras suyas, San Juan
           y El Prendimiento, fueron sustituidas por otras dos realizadas por él mismo, las que desfilan cada
           Viernes Santo en Murcia, porque según criterios de los mayordomos que componían la Junta par-
           ticular de la Cofradía de los Nazarenos, no superaban los preceptos exigidos para tales imágenes.
           Algo similar debió ocurrir en el siglo XIX en la Archicofradía de la Preciosísima Sangre de Nuestro
           Señor Jesucristo, cuando en 1877, tal y como cuenta Díaz Cassou en su Pasionaria murciana, las
           imágenes del paso del Lavatorio que había realizado Santiago Baglietto en 1846, fueron “restaura-
           das inteligentemente por el ebanista D. Pedro Martínez Zureda”. No quedarían satisfechos los mayor-
           domos de la Archicofradía de aquella intervención cuando, finalmente, la obra fue sustituida por
           otra de Juan Dorado Brisa en 1904. Aunque existen algunos casos más de renovación iconográfica
           en la Semana Santa de Murcia, una vez realizado este breve apunte histórico, volvamos con el pro-
           ceso de renovación de la Cofradía de la Caridad.

                   El tercer misterio doloroso del Santo Rosario, la Coronación de Espinas, también ha sufrido
           una transformación integral. De nuevo, la confianza para tal encargo recae sobre Hernández Na-
           varro, que vuelve a ejecutar una composición alejándose completamente de la realizada por Ardil
           Pagan en 1997. Esta vez, Cristo, en pie, paciente, semidesnudo, con el paño de pureza y el manto
           rojo que le cubre solo el costado izquierdo, está a punto de ser coronado mientras sujeta una caña
           con la mano derecha a modo de báculo. Completan el paso un esbirro que ejecuta la coronación
           situado justo detrás de Jesús, y el sayón de la caña, tumbado en el suelo junto al Mesías y con su
           pierna derecha sobresaliendo fuera de la tarima del dorado trono, en actitud de señalar la escena,
           interactuando de esta forma con el espectador que contempla la procesión. La última imagen que
           se incorpora a este grupo es la del soldado romano, ejecutado en 2013 en el XX aniversario de la
           Cofradía.

64
   59   60   61   62   63   64   65   66   67   68   69