Page 62 - Rosario Corinto 7
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ser inhumado junto a su padre hecho que, como se sabe, hubo de declinarse en favor de la cripta
conventual de las Madres Capuchinas. No obstante, es conocida la inclinación piadosa del maestro
por este templo histórico siendo, además de autor de la famosa Dolorosa, hermano inscrito en
la nómina de su primitiva Cofradía del Rosario para la que, según documentación recogida por
Sánchez Moreno, realizó la pintura de su estandarte. Este último hecho evidencia la inscripción de
los feligreses en varias de las cofradías del mismo recinto no debiendo existir, a la sazón, rivalidad
ni puja entre ellas8.
De hecho, en la problemática de las confraternidades murcianas durante toda la Edad Mo-
derna se prescribe la filiación de cofrades, particularmente, en estas congregaciones de Ánimas, en
las sacramentales y aún en las del Rosario que, en la ciudad, eran hasta comienzos del siglo XX
las más numerosas. La perspectiva sobre aquellas primeras sirve, igualmente, para comprobar que
el culto al “Santo Cristo” de Santa Catalina no fue un hecho aislado pues, la pujante institución
animera radicada en la parroquia de Santa Eulalia, también contaba con el “Cristo de la Bue-
na Muerte y Ánimas” como titular; precisamente, un crucificado venerado en su camarín sobre
“peana lisa de andas” que revelaba un desaparecido uso procesional9. En absoluto es descartable
esta particularidad en el caso tratado pues se intuye una veneración singular: análoga, acaso, a la
correspondiente al también llamado “Santo Cristo” de la Trinidad que recibía procesión litúrgica
todos los Viernes de Cuaresma en su capilla a cuyo término, ya ante el altar iluminado de la talla,
se interpretaba el Miserere10.
Más específicos son los datos en alusión a la salidas nocturnas de los hermanos, acompaña-
dos de “linterna y campanilla” a pedir limosna por las calles de la ciudad11. Conviene rememorar
como, precisamente ésta, es una de las finalidades propias de las corporaciones para obtener recur-
sos con los que sufragar las misas de los difuntos y sostener el culto de sus capillas. En este sentido
hay que recordar que es en este tipo de comitivas donde se gestan los populares cantos que hoy
conservan las hermandades animeras y de “auroros” de la huerta; ya Díaz Cassou recogió como el
canto de los coros de, entre otras, las cofradías de Ánimas de la ciudad conformaron el repertorio
musical del que partió el vigente elenco musical del campo murciano12. Estas formas de piedad
popular, como aquellas otras litúrgicas, fueron constantes en el siglo XVII en que parece gestarse la
corporación de San Catalina y que vincularía el culto de su efigie titular, aquel misterioso “Santo
Cristo” de la capilla del Hospital, a las más destacadas devociones históricas de la capital.
Arco y embocadura de la hornacina Embocadura del edículo del “Santo Cristo”, an- ¿Casetón?: resto de estuco policro-
del “Santo Cristo”, antigua Capilla de tigua Capilla de Ánimas (Murcia, Iglesia de Santa mado, antigua Capilla de Ánimas
Ánimas (Murcia, Iglesia de Santa Ca- Catalina de Alejandría) (Murcia, Iglesia de Santa Catalina de
talina de Alejandría) Alejandría)
8 Sobre el escultor barroco y las cofradías de Santa Catalina véase SÁNCHEZ MORENO, J., Vida y obra de Francisco Salzillo, Murcia, Editora Regional,
1983: pp. 50 y 85.
9 FUENTES Y PONTE, J., España… (obr.cit.), vol. II: p. 112.
10 PORRES ALONSO, B., Los Trinitarios en Murcia (1272-1835), Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 2005: p. 71. Esta fórmula es análoga a la
desarrollada aún en el Real Colegio de Corpus Christi de Valencia.
11 A ello insta el hermano mayor, Francisco Salzillo, al ser elegido para el cargo: SÁNCHEZ MORENO, J., Vida… (obr.cit.): p. 50.
12 DÍAZ CASSOU, P., Pasionaria murciana. La Cuaresma y la Semana Santa en Murcia, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 1980: p. 25.
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