Page 61 - Rosario Corinto 7
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en la segunda década del XX quien aseguraba desconocer donde había ido a parar su hechura, dado
que la ubicación había sido ocupada, aún en los últimos años del siglo anterior, por un Sagrado
Corazón de Leoncio Baglieto3.

       Pese a ello, hasta hace algunos años este lugar volvió a ser ocupado por una pequeña talla
de Cristo en la cruz cuya hechura, una producción seriada de posguerra, se acompañaba de vistoso
dosel encarnado. Era usual que esta imagen permaneciese alumbrada en señal, acaso, de la memo-
ria popular al anterior “Santo Cristo” y sus lámparas votivas. Sea como fuere, aún en el exterior de
la actual capilla pervive, justo ante la entrada de la capilla penitencial (que ocupa el primitivo acce-
so a la iglesia), la demandadera metálica que recoge las limosnas destinadas al culto de las ánimas.
Como puede observarse, la poca fortuna de la nave al ser remozada no ha borrado completamente
las huellas de un pasado que se aprecia, a tenor esta vez de los documentos, con cierto detalle. Así,
en el suelo del recinto perduró hasta la guerra la entrada al carnero de la institución animera donde
hubo de ser sepultado el escultor Nicolás Salzillo y Gallo quien, como es sabido, fue durante algu-
nos años hermano mayor de la misma. Esta cripta, adquirida por la cofradía en 1671 fue renovada
en 1779 corroborando el uso continuo de la misma por parte de los miembros de la corporación4.

       Nuevamente, el académico Fuentes y Ponte sitúa la mirada sobre otros pormenores de la ca-
pilla recogiendo la representatividad artística de un recinto en el que, como es evidente, los cofra-
des volcaron todo su interés. Así, según los fieles observaban de frente el “Santo Cristo”, la pared de
la derecha aparecía cubierta con un cuadro de gran formato representando a Nuestro Padre Jesús
Nazareno. Éste, junto al rico marco que lo guarnecía, fue ejecutado en 1727 teniéndose, al parecer,
por obra estimable. La elección del tema no es usual en la decoración de las capillas de ánimas en
la geografía murciana pero resultaba estimulante en un recinto que, a la sazón, estaba presidido por
el Crucificado5. Tampoco conviene olvidar que ante el portillo de Santa Catalina, donde se sitúa
la actual entrada, se realizaba cada Viernes Santo uno de los “pasos” teatrales de la procesión de
Jesús Nazareno incluyendo una de las bendiciones con las que, al parecer, concluía su escenografía.
No parece casual que algunos de los cofrades, caso del famoso Francisco Salzillo, fuesen además
mayordomos de ambas instituciones dándose, por consiguiente, un razonable parentesco para la
preponderancia del lienzo dentro de la estancia6.

       Por su parte, sobre la pared izquierda se encontraba uno de los varios cuadros del Purgatorio
pertenecientes entonces a Santa Catalina. La idoneidad del asunto, dada la devoción titular de la
cofradía, está fuera de toda duda aunque existen algunas lagunas correspondientes a la hechura del
lienzo. Si en 1759 ya se recogen los gastos de una primera pintura con esta iconografía, las propias
cuentas abundan en otro posterior que, según una inscripción que existía en su base, fue donado
por el cofrade José Pérez en 1784. Dado que Fuentes y Ponte describe este último alrededor de
1880 es probable que perdurase en el interior, habiendo pasado presumiblemente el más antiguo a
la capilla pública financiada por la cofradía en la torre del edificio: lugar donde, precisamente, aún
puede apreciarse (custodiado por tejadillo, puertas, pequeña balconada y “farol durante la noche”)
en las fotografías de comienzos del siglo XX7. Esta presencia del emblema cultual de la corporación
en el perímetro del edificio proyectaba su devoción públicamente alentando un modo de piedad
arraigado en la sociedad murciana aún a comienzos de esta última centuria.

       Ya se ha aludido sobre la presencia de Francisco Salzillo en la nómina de esta Cofradía de
Ánimas de Santa Catalina. Se sabe que recibió directamente el puesto de su progenitor en 1728 e,
incluso, que optó a presentarse a la elección de hermano mayor; hecho que no llegó a acontecer,
en su segunda tentativa de 1757, al perder la votación frente a Francisco Tuero. Probablemente
este hecho, dada la casi ancianidad del escultor a estas alturas del siglo, obedeciese a su deseo de

3 IBÁÑEZ GARCÍA, J.M., Rebuscos y otros artículos, Murcia, Academia Alfonso X el Sabio, 2003: p. 202.
4 Ídem.
5 FUENTES Y PONTE, J., España… (obr.cit.): p. 76.
6 Sobre la escenografía procesional de Jesús Nazareno véase FERNÁNDEZ SÁNCHEZ, J.A., “El Encuentro camino del Calvario: arte y dramaturgia en
el antiguo Reino de Murcia” en Congreso Internacional Calle de la Amargura, Cádiz, Cofradía de Nuestro Padre Jesús de los Afligidos, 2019: pp.319-326.
7 FUENTES Y PONTE, J., España… (obr.cit.): pp. 76 y 80.

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