Page 109 - Rosario Corinto 08
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Me lo volví a colocar una vez más,
y quedé cubierto y en silencio,
con la melodía de fondo propia de tus días,
que me traía una y otra vez, ante ti
a Santa Catalina.
Te volví a encontrar donde siempre,
con mis amigos, mis conocidos,
otra vez, en las mismas calles,
Llámame, como siempre lo haces,
al abrir el arcón de los recuerdos
y déjame, que, sobre el blanco lienzo,
comience a pintar tus atardeceres
cuando el cortejo esté saliendo,
déjame que lo pinte,
con la cera que se va derramando de los cirios,
con las flores y el incienso, que dejan el aroma de siempre,
el que me dedico a perseguir a diario,
tu aroma, el que tanto echaba de menos
y brochazo tras brochazo, un nazareno,
un mayordomo, un estante.
Caridad, dicen que te apellidas
y que habitas aquí todo el año,
en un rinconcito de esta iglesia,
desde chico me conoces,
y a veces, me he empeñado en encontrarte
buscándote por otras partes
cuando no te veía fácilmente,
pero siempre estabas delante, ante mi
y ciego pareciese estar
pues no te encontraba aquí o allá.
Te acabé buscando en los recuerdos,
en aquella calle,
en aquella curva,
en la frenería, donde mis padres me llevaban a verte,
pero no te encontré
y en mi impaciencia joven, me acabe apartando
y nunca más te vi
aunque sí, siempre te tenía delante,
en aquel arcón, donde guardaba la túnica
y tu esencia se respiraba por todas partes,
en aquella plaza tan murciana
a los pies de la Inmaculada
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